Un escritor tituló hace ya tiempo su columna de un rotativo sevillano, Por qué
fracasan? Y en ella trataba sobre el problema del fracaso escolar y lo achacaba
a la inutilidad de un sistema educativo decimonónico que ya estaba obsoleto o
fuera de juego y que no cambiaba sus reglas o criterios de enseñanza y no atendía
con más interés y renovación a esos miles de estudiantes que se agobian y fracasan
en el día a día de las jornadas escolares. Este periodista lleva razón en cuanto a que
los alumnos actuales pertenecen a una cultura diferente a la que ha creado los
planes de estudio. Pero de ahí a qué nos diga este señor que hay que unir poemas
clásicos con letras de hiphop y libros con videoconsolas es caer en una propuesta
pedagógica improcedente e inadecuada, pienso yo. No se puede confundir el culo
con las témporas; no se tiene por qué equiparar o mezclar los poemas clásicos de
toda la vida con las letras de las canciones de rap o hiphop. No hagamos de la
enseñanza un experimento moderno y revolucionario como usted apuesta y
dejemos aparte todas estas manifestaciones del arte popular actual, para que las
aprenda quien quiera en su casa o en su barrio. Y a la hora de dar las clases en un
instituto o en el centro educativo que corresponda, enseñemos a los alumnos a
Garcilaso, fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Herrera, Góngora, Lope, Quevedo,
Espronceda, Bécquer, etc. Yo creo que es mejor así que añadir a estos autores
inmortales esos contenidos innecesarios, torpes y absurdos como este literato
propone, porque no aportan nada de interés o valor literario a los estudiantes
y harían un gazpacho nada recomendable para una buena enseñanza del arte
y la cultura de toda la vida.