Recuerdo nuestro encuentro vespertino
en aquella hermosa playa solitaria,
de arena limpia y sereno oleaje
en la costa del mar mediterráneo.
Recuerdo tu alegría al saludarme,
tus deseos de conversar al verme,
tu simpatía y tu encanto inesperados
y mi gratitud por tu actitud tan positiva.
Siempre recordaré aquella amable tarde
porque a partir de ella fue surgiendo
nuestro amor más puro y correspondido
y al final quedamos fusionados y siendo novios
y la dicha y la magia de la vida
la tenemos desde entonces con nosotros.
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