Se escribe hoy día que todos los libros nos dicen algo y que ninguno nos debe
dejar indiferentes. Pero yo opino, después de mucha experiencia lectora a lo largo
de mi vida, que existen libros que muy lejos de decirnos algo o de transmitirnos
sentimientos y emociones y disfrutar con su lectura, lo que pueden hacer es
echarnos bien el cenizo o provocarnos dolores de cabeza u otros malestares.
Cuando se den estos casos lo mejor es quitárselos de en medio y no volver nunca
más a ellos y que queden como un desagradable recuerdo. Yo lo he padecido,
por ejemplo, con dos poemarios que fueron galardonados con el prestigioso
y bien dotado económicamente premio de poesía Juan Ramón Jiménez, que
convoca anualmente la Diputación Provincial de Huelva, que tuve que dejarlos
y me indigné de que se reconozcan estas cosas, porque la verdad es que libros
así de malos e insoportables no se pueden leer.
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