La historia de nuestras vidas ardientes
es como una interesante leyenda.
Nuestro pasado revuelto, intenso y con contrastes
despertó vivamente nuestras conciencias de entonces,
de aquellos juveniles años ochenta,
la década de los sueños, las palpitaciones
y las alegrías y los descontroles.
Un mundo de júbilo y de muchas vivencias,
de muchos encuentros y aventuras y experiencias,
en donde nunca nos faltó el amor secreto
y el incesante impulso de nuestros corazones.
Yo lo recuerdo aquello en este poema,
porque aquello fue una etapa maravillosa
que queda en la nostalgia de nuestro presente,
los felices y extasiosos años que se nos perdieron
pero que quedarán en nuestra memoria para siempre.
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