Bajo la sombra de un granado
en un día soleado de primavera
sentimos el placer inmenso y primero
de besarnos y sentir que nos queremos.
Bajo la luz de un día de ensueño,
de alegrías y de ambiente risueño,
de dicha y placer como bendiciones
la vida se nos hizo celeste y pura
y aquello era una magia florida,
y todo era dulzura y gratos sabores.
Bajo los signos de un mundo verdadero,
supimos lo que es el azul del cielo
y los campos verdes de un edén
y las flores olorosas y las plantas crecidas
y los bosques de sauces y de pinos.
Bajo el atardecer de un día marino
nos entregamos para siempre apasionados
y nos sentimos dichosos y muy enamorados
y desde entonces por la gracia de Dios
todo es alegre y feliz y puro en nosotros.
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