Ser literato de verdad --y no una flor de verano-- requiere un constante e intenso
proceso de aprendizaje. Yo voy a contar mi caso particular en cuanto al oficio de
escritor, mi propia experiencia a lo largo de toda una vida. Yo la única enseñanza
que tuve fue la de mi profesor de literatura. Pero esto solo fue en aquella etapa de
estudiante y nada más. Tampoco fue demasiado intensa, pues de vez en cuando me
corregía mis escritos y me señalaba los que necesitaban revisión. Aquello fue muy
poca cosa comparado con mi febril actividad de más de treinta años y mi progresivo
perfeccionismo y pulimentación de mis obras para que pudieran quedar lo mejor
posible. Y hoy día creo haberlo conseguido con una copiosa producción. Ni formación
universitaria, ni talleres de escritura ni nada. Yo solo he realizado una obra prolífica
y he cultivado todos los géneros literarios. Hay escritores que se forjan solos y los hay
que de esta forma destacan prodigiosamente, sin apoyo ni consejos ni explicaciones
ni ayuda de nadie.
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