Los informes sobre la lectura son lamentables, pues cuatro de cada diez españoles
no leen ni un solo libro en todo el año que tienen por delante. Cada vez se lee menos,
mientras que cada vez se edita más. O sea, cada vez, mayor oferta de libros para menor
cantidad de lectores que les puedan hacer caso y leerlos. Y en estas sociedades actuales
parece que escriben demasiadas personas y digo esto porque emplean el bolígrafo o el
ordenador tanto los que saben escribir como los que no tienen facultades para ello y que
más les valdría que se dedicaran a otras cosas. Porque cada vez hay más escritores,
surgen cada día más autores, pero son una minoría los que resultan ser talentos. La
genialidad es un bien ciertamente escaso. Y se dan las circunstancias de tanto amiguismo
y servilismo en la república de las letras y resulta que no se premia ni la valía ni el
talento o genio de los literatos, sino el máximo grado de enchufismo y apadrinamiento
que hace falta para ser premiado o reconocido con una publicación. Aquí, como seas
un figura y no estés bien conectado, de nada te sirve haber escrito obras excelentes
e inteligentes y desbordantes de belleza. En cambio, cualquier inútil que se deje caer
con un gran churro, como tenga quien le eche una buena mano, por razones
obviamente extra literarias, pues nada, ese bodrio será premiado y publicado y se
hará todo lo que se pueda por el "regalito" que deja al mundo de la literatura; porque
aunque luego los lectores no se dejen dar gato por liebre, al final a todas las camarillas
literarias les da lo mismo, les importa un auténtico rábano y ellos todos siguen con
su política y su forma de hacer las cosas.