viernes, 24 de julio de 2026

LAS AMISTADES PERDIDAS

Cuando uno ha vivido ya muchos años, como es mi caso, asaltan los recuerdos de los

amigos que se perdieron para siempre. Yo a estas personas que estuvieron muy

presentes en mi vida, unos más, otros menos, pero todas muy importantes en mi

realidad de entonces, las rememoro en positivo en cuanto a que enriquecieron y

aportaron valores y vivencias que en mí ya quedan para siempre. Fueron grandes 

amigos en aquellos tiempos ya lejanos, pero aunque quiso el destino --y quisieron

ellos-- que toda la fraternal relación que teníamos de mucho tiempo se fuera al

garete para todos los restos, siempre dejan huella y una memoria especial. No fueron

personas comunes, unos conocidos cualquiera, amigos de trámite o de tránsito,

fueron seres muy apreciados y estimados, con los que cultivé la amistad y el afecto 

y el apoyo y el compañerismo, etc. Y en algunos casos la relación duró toda una vida,

y, aunque en otros no fuera tan dilatada, el tiempo que estuvimos hermanados fue

muy intenso y de una solidez total. En este ensayo no me voy a referir a algunos 

grandes, muy grandes, amigos que perdí a causa de la muerte. La muerte me los

arrancó de mi vida pero en este caso han sido muy pocos. Los colegas perdidos han

sido. en su mayoría, porque ellos un buen día quisieron dejar de serlo. Sin motivos,

sin razones algunas. nunca hubo peleas ni el más mínimo mal rollo. En otros casos,

por insignificancias o  nimiedades de lo más absurdas o irracionales, que es 

impropio de personas de la talla de ellos, al menos del talante estupendo y genial

que habían una y otra vez demostrado conmigo. Pero son paradojas que tiene la

vida, son realidades incomprensibles que por más vueltas que le dé uno, no acertará 

a explicarse nunca. El ser humano es muy complicado, muy contradictorio, muy

misterioso... y también muy miserable e injusto.

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