El Blog de Martin Isidro
sábado, 27 de junio de 2026
UNA AMISTAD VERDADERA
EL TALENTO NO SE PREMIA EN ESPAÑA
Ramón del Valle-Inclán dijo la siguiente frase: "En España el mérito no se premia. Se
premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo." Lleva
mucha razón el gallego universal en esas palabras, aunque algo yo quiero matizar
sobre esta realidad injusta que sucedía en tiempos de don Ramón y que, por desgracia,
está vigente y sigue más de moda que nunca en la actualidad hispana. En España,
obviamente, y me voy a centrar únicamente en lo concerniente a la literatura,
también se premian y se reconocen obras valiosas y de gran importancia y mérito
para la cultura. Pero es curioso lo que dijo una periodista en un programa de
televisión hace muchos años: "En España, lo bueno tarda mucho más en llegar".
Esto es cierto también, pues se saca a la palestra primero todo lo malo, todos los
libros flojos o infumables, y en cambio, con las obras de interés o inteligentes,
de belleza y calidad, que son lo que hay que reconocer pronto, ocurre todo lo
contrario: suelen tardar mucho en llegar, les dan de lado y las vetan y las arrinconan.
Y la abundante morralla parece que tiene prioridad para ser premiada y publicada
y aplaudida por la crítica y por todo el aparato de la cultura. Otra cosa son los
lectores, la sociedad no suele dejar tan fácil que le den gato por liebre y normalmente
no le hacen caso y no se gastan el dinero en adquirir estos productos que sacan
a la venta y que se quedan bien parados y quietos en las librerías con destino a
ninguna parte. El escritor y periodista José María Carrascal hizo un impactante
comentario sobre esta realidad en televisión hace ya también mucho tiempo: "En este
país cuando aparece un verdadero genio, se le apunta con la pistola y se le dispara,
mientras no deja de valorarse y reconocerse la abundante mediocridad". Otra
verdad como un templo de Carrascal que está en sintonía con las que he puesto
anteriormente. Jonathan Swift, el célebre escritor irlandés, autor de la inmortal
novela "Los viajes de Gulliver", dijo otra frase en consonancia con todo esto: "Cuando
en el mundo aparece un verdadero genio, puede reconocersele por este signo: todos
los necios se conjuran contra él". Está en singular, pero sin lugar a dudas es plural:
son una buena serie de ellos, no es uno solo el genio humillado, los que soportan la
asfixia y el desprecio hacia sus libros y escritos geniales y talentosos, por parte de
este aluvión de incompetentes y mafiosos que mueven la política editorial y los
premios literarios. Los necios abundan tanto en el mundo de la cultura que el daño
que hacen a algunos artífices del arte maravilloso es una auténtica canallada y una
pasada de lo más miserable y corrupta. Arturo Pérez-Reverte también aporta sobre
este tema lo, siguiente: "Hay magníficos escritores con mala suerte y otros mediocres
a quienes sonríe la fortuna. Los que publican en el momento adecuado y los que no".
En efecto, grandes sabios de la literatura no encuentran la suerte y se lo echan todo
para atrás inexorablemente, inapelablemente; no les dan opciones para que sus
prometedoras y valiosas aportaciones a la cultura se publiquen en su momento
y sus libros se queden estancados y sin ver la luz de la edición y del reconocimiento
muchos años, demasiados. Y lo que es el drama más cruel: que no consigan nunca
el tan merecidísimo reconocimiento y se mueran sin llevarse una satisfacción y una
alegría en condiciones, y si se la dan, que esto sea cuando el literato está ya muy viejo
y le sirva de poco o nada. Antonio Muñoz Molina declaró lo siguiente: "En un acto de
humildad digo que hay escritores con mucho talento que nunca van a conseguir lo
que yo y otros lo que logren no va a ser tanto. Y son autores con un gran talento".
viernes, 26 de junio de 2026
HAY QUE SABER PERDER
Hace muchos años leí un artículo en un periódico sevillano en el que un escritor se
sentía tremendamente decepcionado porque no había conseguido hacer ni la mitad
de cosas que se propuso hacer cuando era joven. Este autor sentía malestar y
frustración porque su vida presente no era como le hubiera gustado que fuera
durante su pasado. Y esto le desagradaba e incluso lo detestaba. En su primera
juventud se imaginaba que iba a ser en el futuro el centro del mundo porque iba a
conseguir todo lo que quería. Define la juventud como narcisista, testaruda y
egocéntrica. A raíz de todas estas manifestaciones de este autor, yo pienso que esto
sucede mucho en los literatos y en los artistas en general, en todas las personas
que se esfuerzan y dedican su vida a la creación, porque creen que lo que hacen
es muy valioso y meritorio y debe ser reconocido y aplaudido y encumbrado
cuanto más alto mejor. Es cierto que esto ocurre mucho más en nuestros años de
juventud; el narcisismo y el egocentrismo son a veces exagerados, las ambiciones
y los sueños de gloria se disparan en nuestra fantasía y no para uno de ilusionarse
y de querer comérselo todo y ser el centro del mundo, como dice este periodista.
Confieso que a mí esto me pasó también siendo muy joven, cuando comencé a
escribir a los diecisiete años, porque además esto es una realidad que se repite en
casi todos los artistas, es un mismo esquema para la mayoría y a prácticamente
todos nos sucede lo mismo. Pero no exactamente lo viven o lo sienten o lo padecen
todos igual. A mí, como decía, me ocurrió, pero solo en un principio. Yo atravesaba
una fase eufórica, motivada, por un lado, por la alegría tan enorme que para mí
supuso hacerme escritor, y por otro, por un trastorno de mi enfermedad psíquica,
o sea, por la bipolaridad o patología maníaco-depresiva que padecía, pues ya a
los trece años caí en la desgracia con este problema de salud. Pero pasó el tiempo
y toda esta euforia y locura de ambiciones y de sueños de gloria se fueron disipando
y yo fui llevando una vida más normal. Y también tuve una fase depresiva que
supuso todo lo contrario: yo no aspiraba a nada ni valía para casi nada y no iba a
conseguir nunca nada porque le quité casi todo el valor a lo que había hecho en
años anteriores. Una vez recuperado y estabilizado de mi enfermedad, yo siempre
escribí, trabajé duro y moví mi obra por todas partes en el intento de que no
quedara muerta para siempre en los cajones de mi habitación. Y nunca obtuve
reconocimiento a lo largo de varias décadas. Pero llegó un momento en el que
conviví con el fracaso estupendamente, porque me daba igual y no me afectaba
lo más mínimo. El fracaso para mí era una rutina a la que me acostumbré de tal
manera que me hacía pasar de todo y no me frustraba ni me producía la más
mínima sensación de malestar o desencanto. Yo no me sentía quemado por nada
que tuviera que ver con mi carrera literaria en este plano tan negativo, porque
fracasaba en todo y yo seguí para adelante. Existía el tema vocacional y el sentirme
satisfecho con mucho de lo que escribía y gozar de que lo hacía bien y que veía
luz en mis creaciones era muy importante para mí y con eso me conformaba, con
eso era más que suficiente. No obstante, si mis obras las veía de calidad, había que
intentar sacarlas para adelante y yo me fui auto publicando y sentía año tras año
la satisfacción de verme con mis libros publicados, aunque fueran ediciones de muy
corta tirada. Yo no me he frustrado ni me he disgustado por nada de mi mundo
literario desde hace muchísimos años, pero he seguido siempre trabajando y no he
tirado la toalla, salvo. eso sí, varios años de escasísima creatividad, en los que no
publicaba ni hacía nada por mi obra que me quedaba inédita, que además era muy
copiosa. Y han sido, como decía, muchísimos años en los que yo he convivido con el
fracaso como si no existiera en mi vida, porque me ha dado igual y en todo momento
si me tocó perder y nunca tuve la más mínima suerte, pensé que lo mejor era ser
un buen perdedor y aceptarlo con dignidad y con humildad. Y no detestandolo y
vivir hecho una mierda por no haber logrado ser el centro del mundo y no haber
conseguido todo lo que uno quiere, como este escritor y periodista expresaba con
toda la angustia o el malestar o la decepción del universo. Todos los artistas no somos
iguales, no tenemos la misma actitud. Yo es cierto que la tuve, pero solo en un
principio, pero este hombre parece que la arrastra toda su vida y que la va a
padecer hasta que se muera. Pero yo a esto hoy en día no le veo importancia, porque
sentir una egolatría y unas ambiciones por triunfar en el mundo del arte está dentro
de lo común: se escribe o se pinta o se compone música con el objetivo de que sea
reconocido y que llegue a la sociedad, eso es obvio, está clarísimo, solo que creo que
no hay que experimentarlo con tantos excesos, pues las exageraciones al final no
conducen a nada positivo y en el caso de este literato, por soñar tanta gloria, el
resultado es un varapalo fuerte y hundirse y podrirse de disgustos que no merecen
la pena. Lo que realmente es más negativo y perverso es cuando este intelectual
afirma lo siguiente: "Por mucho que le desagrade, uno sabe que es mezquino.
envidioso, rastrero y cobarde". Autocalificarse de esa manera y reconocerlo
públicamente a través de la prensa, yo opino que es muy fuerte y lamentable.
Porque uno no sea el mejor o de los mejores en esta actividad literaria en la que
se ha propuesto destacar, no tiene por qué ser un envidioso feroz y envenenarse
porque otros autores estén muy por encima de él. Uno no tiene por qué sentirse
miserable por no haber llegado más alto en el escalafón literario, por no ser
alguien en el mundo de la cultura con mucho más prestigio y favor de los
lectores. Yo pienso que cada cual hace lo que puede, como mejor lo sabe hacer
y si no alcanza una meta elevada no pasa absolutamente nada y no tiene por
qué pensar que es un mezquino o un rastrero. Solemne estupidez. Y si le
añadimos a esto reconocerse cobarde y envidioso por estos temas, pues la
cosa ya alcanza una desproporción y un absurdo y un desquiciamiento de lo más
increíble. La creación literaria debe medirse, creo yo, como satisfacción personal;
mirar siempre el terreno vocacional, hacerlo también como desahogo, como
terapéutica, como entretenimiento,, como relax, buscando sensación de bienestar
y gozo por tus escritos cuando los ves acertados y que han quedado como tú
aspirabas. Todo esto habría que tenerlo también en cuenta y dejarse de tanta
gloria infinita universal y la posterior depresión si no se consigue, dejar de
considerarse un mezquino por no ser el mejor, no creerse un rastrero o un cobarde,
a qué viene eso? El no destacar como ambiciones es para tanto? Y lo que es peor de
todo, lo más grave y estúpido y canalla, que es declararse como un envidioso,
envidiar a lo bestia y a lo salvaje a todos los escritores que hayan alcanzado
popularidad y prestigio y sentirse hecho una mierda por no verse en esa situación
tan maravillosa en la que están esos otros literatos con más talento. Cada uno debe
hacer lo que pueda y a donde llegue, pues ahí se queda y no pasa nada, Y el que
más pueda que se lleve el gato al agua y al que Dios se lo dé, San Pedro se la
bendiga. Pero nada de tantas envidias, que eso es un pecado canallesco que aquí
en España parece que alcanza todos los récords de participación y sus niveles de
intensidad son elevadísimos. Y entre los literatos y los artistas, mil veces peor, en
estos gremios la envidia adquiere más grandeza que todo el infinito universo.
jueves, 25 de junio de 2026
23 AÑOS
Dentro de pocos meses --escribo esto en 2022-- va a hacer 23 años que yo dejé de ser
envidioso para siempre. A partir de aquel día del verano de 1999, en el que este
sentimiento maligno y venenoso me punzó por última vez, yo no he vuelto jamás
a sentir o manifestar el más mínimo gramo de envidia hacia nadie, porque por
fortuna para mi vida, este pecado se erradicó totalmente de mi personalidad.
Y de esto me he sentido muy feliz y gozoso y muy agradecido a Dios de que me
ocurriera, porque se trata de un acontecimiento maravilloso para mí persona.
En efecto, ya nunca más volví a sentir la mierda de la envidia, este malestar o
sensación desagradable se me esfumó y son ya casi 23 años los que llevo disfrutando
de una existencia sana y pura y limpia, sin sentir la más pequeñita contaminación
o amenaza de esta porquería de la condición humana, de la que yo creo que casi
nadie puede sanarse o liberarse, puede ser que casos como el mío se den demasiado
poco, que sean muy raros o excepcionales en la sociedad. Sí, porque esto es una
plaga; esto está extendido en prácticamente todos los seres humanos y dicen que
aquí en España es el deporte nacional y que se practica o se padece mucho más
copiosamente que en otros países o lugares del mundo. Eso dicen algunos. De mi
vida anterior a este dichoso y memorable acontecimiento, o sea, cuando la envidia
yo sí la sentía a veces y me afectaba, tengo que decir eso, que era solo a veces. de
vez en cuando, y cuando me venía, no me duraba demasiado tiempo y procuraba
darle de lado. Esto quiere decir que es un sentimiento que a mí no me hacía una
mella muy fuerte, que es una cosa fea que no iba mucho conmigo. Pero lo más
importante y vital de todo: que yo recuerde nunca he dañado ni he puteado ni
he agraviado a nadie por esta causa. Cuando yo he sufrido punzadas de envidia,
nunca las he expulsado causando perjuicios a la persona que me suscitara envidia.
Y esto es muy importante en la vida, porque si tienes tentación de envidia y no la
empleas en fastidiar a la persona que te la produce, es lo que se denomina una
envidia sana, una envidia que se queda solo para ti y que no provoca heridas
o disgustos a los demás. Pero, como he contado. a partir de aquel verano del año
1999, en el que me vi tocado de envidia por última vez. ni envidia feroz, ni envidia
sana ni ningún tipo de envidia, en mi personalidad dejó de existir para siempre y
es algo de lo que me he sentido muy orgulloso, de no ser nada de nada envidioso y
que este cáncer o pecado o miseria de la condición humana desapareciera o se
me extinguiera definitivamente.
miércoles, 24 de junio de 2026
RADIOGRAFÍA DEL TROLERO
En la sociedad abundan los troleros en todas las facetas o acepciones que pueda tener
el término. Es una realidad de la vida cotidiana, tan natural, desgraciadamente, como
la vida misma, porque hay que convivir con estos seres despreciables que nada más
que viven y sienten la mentira, todo su mundo gira en torno a eso. a cuantas más
mentiras eche, mejor, a cuantos más consiga engañar con sus historias fantasmonas,
mejor. Con cuantos más puedan desahogar su carácter presuntuoso., emitiendo
faroles o fantochadas con las que sentirse felices y realizados, como si todas esas
figuronadas fuesen ciertas y hubieran ocurrido en la realidad, contándolas con una
vanidad y grandeza cuando realmente son unos pobres hombres que tienen que
vivir del cuento. Hay una realidad evidente en la vida de todas las personas y es que
todos solemos mentir. pero eso muchos lo hacen de vez en cuando y ante situaciones
comprometidas o complicadas en las que decir la verdad puede acarrear un resultado
espinoso, o. simplemente, incómodo y que produzca malestar o mal rollo. Ante
muchas situaciones en la vida optamos por la mentira para salir reparados de una
cuestión o circunstancia que creemos que al destaparse con la verdad nos hace
vernos en situaciones peores. Pero eso es una cosa, como lo es cuando se trata de
ámbitos frívolos o asuntos sin importancia, de las mentirijillas piadosas, de pequeños
embustes, que, aunque no sea correcto largarlos, tampoco nos retuercen o trastornan
excesivamente la vida. No obstante, yo pienso que cualquier mentira, aunque sea
pequeña o poco trascendente, si se puede evitar y no soltarla, mejor y más estupendo,
que se vaya la falsedad cuanto más lejos mejor. Pero aquí el asunto que me ocupa es
el más insoportable, estúpido y lamentable. Es el de las personas --si se les puede
considerar como tales-- que viven el día a día solo para la mentira, que hacen del
trolerismo y el fantasmeo su razón de ser y de estar en la vida. Raro es el día que no
van faroleando a todo el que se encuentran y se comportan con demasiada frecuencia
como auténticos figurones. La gente que va así por la vida no merece la pena y todos
los que los van conociendo procuran --o deberían-- darles de lado y dejarlos porque
lo que hacen es tan solo marearnos, trastornarnos y crearnos conflictos y discusiones.
Porque ante tantas fantasmadas y tantas patrañas, los demás suelen acabar diciéndoles
que se las crean ellos y que se vayan al cuerno con tantos rollos y tantas historias. El
trolero o fantasmón no suele deponer su comportamiento, aunque le vaya muy
mal en su vida con esta actitud repugnante para los demás, pero muy gozosa para él;
sigue para adelante con sus embustes, porque es su forma de ser y no la va a cambiar
ni pretende mejorar en su vida y liberarse de su podrida e infecta personalidad. Ha
nacido para eso y así morirá, queda como una carroña para todo el mundo, pero le
da lo mismo porque él es así y eso es lo que hay.
martes, 23 de junio de 2026
SOBRE LA NOSTALGIA
Dicen que la nostalgia es un sentimiento de viejos, que es una pena que suele sentirse
con avanzada edad, cuando después de haber vivido mucho, te asaltan los recuerdos
y vives nada más que en el pasado. Y te recreas con aflicción en todas las vivencias
y circunstancias en las que fuiste dichoso y la realidad de la existencia, con la juventud
por delante, fue mucho mejor y feliz y aquello es lo que merecía la pena y hoy día
ha quedado perdido. La nostalgia es un sentimiento enfermizo, negativo para el
bienestar y la salud del que la padece y que se debe luchar por evadirse de ella y que
no nos consuma, ni nos agote y nos haga nuestra vida más amarga. A lo largo de mi
vida son varias las personas que me han comentado que esto es una cosa de viejos.
Pero yo no estoy de acuerdo con esto, al menos por lo que me ha sucedido a mí
personalmente, porque por muy chocante y extraño que parezca, yo la he sufrido
con intensidad durante muchos años y. además, algunos siendo hasta un adolescente.
Este ha sido mi caso particular, no sé si pasará que en cuanto a esta realidad yo sea
alguien muy especial, o sea, puede que un auténtico bicho raro. Pero el caso es que
eran los años 1981 y 1982 y yo tenía 15 y 16 años, y yo sentí una nostalgia muy
aguda y fuerte por el año 1977. Me recreaba con lo que sucedió aquel año en el que
yo era tan solo un chiquillo de diez años. Y me acordaba y le daba vueltas a la
infancia mía de entonces. El año del estreno de La guerra de las galaxias, yo fui
a ver esta película en el antiguo cine Emperador de Sevilla. El año que en televisión
emitían los dibujos de Marco. De los Apeninos a los Andes. Esta serie fue horrible
para los niños de la época, desesperados ya porque el pobre Marco no encontraba
a su madre. Pero yo recuerdo que a mí no me afectó y yo la seguí constantemente
hasta el final con mucha atracción y me gustó toda la historia de este niño héroe
en todo momento. 1977 fue el año de los éxitos musicales del dúo Baccara, de Elsa
Baeza, de Alameda y de Triana, el año del triunfo del Real Betis en la primera
Copa del Rey, aunque yo por entonces comenzara a ir a ver al Sevilla F.C., que es
mi equipo de fútbol. En fin, que yo me acordaba de aquel año y le daba vueltas y más
vueltas y lo rememoraba hasta con angustia por no estar en él y vivir coronado por
aquella infancia tan feliz que se me fue. Y yo. como decía, me traía todo este lío
nostálgico con tan solo 15 y 16 años, o sea, tan solo cuatro o cinco años después
de haber pasado aquella memorable etapa de mi vida que fue el año 1977. Con esto
quiero dejar patente que, en lo que a mí respecta, la nostalgia no es un sentimiento
propio y único de la senectud. Y vaya mi experiencia vivida por delante.
sábado, 20 de junio de 2026
SOBRE LA AMISTAD
La ilusión de los amigos, la alegría de las amistades que son sólidas y entrañables,
los que están contigo día a día y no son por rachas o de vez en cuando, constituyen
un ingrediente fundamental para ser feliz. Con los grandes amigos no suelen existir
discusiones ni malos rollos, nos gusta como son y nos sentimos con bienestar a su
lado; queremos estar en su compañía cuanto más mejor y compartimos intereses
y aficiones, pensamos y estamos de acuerdo muchas veces con ellos. Los buenos
amigos nos conocen bien y nos aprecian, nos apoyan en todo lo que pueden
y aceptan nuestros defectos y participan de nuestros sentimientos. Nos sentimos
identificados, conectados y en todo momento deseamos su trato y que esta hermosa
realidad no se pierda y dure para siempre. La diversión, los agradables momentos,
la complicidad y el saber consolarte y aconsejarte bien en las situaciones aciagas,
son claves imprescindibles de los grandes amigos. Saber estar contigo para lo
positivo y para lo negativo, disfrutar contigo de lo bueno y solidarizarse y darte
ánimos en lo malo. No te juzgan mal ni te critican y en todo momento tienen un
concepto o una visión muy favorable de tu persona. Si surge una mala situación
de alguien hacia ti, te defienden y no hacen caso de las críticas malintencionadas
o irónicas o despectivas. La postura es a favor del amigo y no se dejan arrastrar
por lo que digan los demás en tono peyorativo. Aunque con el pasar del tiempo
los amigos tomen caminos distintos, es muy necesario mantenerse y seguir con
ellos, porque las buenas amistades deben de ser para toda la vida, es un patrimonio
personal que hay que saber cuidarlo y mirar siempre por él. Hay que buscarlo y
encontrarlo en las diferentes etapas que surjan en la existencia.