La ilusión de los amigos, la alegría de las amistades que son sólidas y entrañables,
los que están contigo día a día y no son por rachas o de vez en cuando, constituyen
un ingrediente fundamental para ser feliz. Con los grandes amigos no suelen existir
discusiones ni malos rollos, nos gusta como son y nos sentimos con bienestar a su
lado; queremos estar en su compañía cuanto más mejor y compartimos intereses
y aficiones, pensamos y estamos de acuerdo muchas veces con ellos. Los buenos
amigos nos conocen bien y nos aprecian, nos apoyan en todo lo que pueden
y aceptan nuestros defectos y participan de nuestros sentimientos. Nos sentimos
identificados, conectados y en todo momento deseamos su trato y que esta hermosa
realidad no se pierda y dure para siempre. La diversión, los agradables momentos,
la complicidad y el saber consolarte y aconsejarte bien en las situaciones aciagas,
son claves imprescindibles de los grandes amigos. Saber estar contigo para lo
positivo y para lo negativo, disfrutar contigo de lo bueno y solidarizarse y darte
ánimos en lo malo. No te juzgan mal ni te critican y en todo momento tienen un
concepto o una visión muy favorable de tu persona. Si surge una mala situación
de alguien hacia ti, te defienden y no hacen caso de las críticas malintencionadas
o irónicas o despectivas. La postura es a favor del amigo y no se dejan arrastrar
por lo que digan los demás en tono peyorativo. Aunque con el pasar del tiempo
los amigos tomen caminos distintos, es muy necesario mantenerse y seguir con
ellos, porque las buenas amistades deben de ser para toda la vida, es un patrimonio
personal que hay que saber cuidarlo y mirar siempre por él. Hay que buscarlo y
encontrarlo en las diferentes etapas que surjan en la existencia.