viernes, 2 de octubre de 2026

SUEÑOS EN LA INFANCIA

 Qué es la infancia si no los sueños y la mejor magia de la vida? Yo la verdad es que 

tuve una infancia muy dichosa y afortunada, mis vivencias tanto en Sevilla en la

barriada de Tablada, como el año que viví en Málaga, fueron algo único en felicidad 

y es una etapa que me dejó huella para siempre, pues no la olvidaré nunca. Pero 

esta época mía infantil, claro, al no ocurrirme ninguna desgracia o contratiempo y

pasármelo tan bien, tanto en los colegios donde estudié, como en las calles donde 

jugué y disfruté con los amigos de entonces, pues lo cierto es que fue un mundo

maravilloso. No me podré quejar nunca, todo lo contrario, de la realidad que me 

tocó vivir durante mis primeros años de vida. Por otro lado, Málaga fue para mí en

aquel año que viví allí un auténtico paraíso. Eso de irnos a la playa de la capital en

el barrio de HUELIN, hacer excursiones toda la familia por las ciudades de la Costa 

del Sol, con todos sus atractivos turísticos y recorrer tantos lugares hermosos y gozar

de sus deliciosas comidas en sus bares y restaurantes, montarnos mi hermano y yo

en el burrito--taxi de Mijas pueblo, disfrutar de jornadas fabulosas en el parque de

atracciones Tívoli, que lo inauguraron ese mismo año, bañarnos en las limpias y

concurridas playas de las preciosas localidades de la Costa del Sol, observar el

ambiente tan internacional de extranjería que se respiraba... Yo, por ejemplo, fui

mucho de saludar con simpatía a los extranjeros y mi padre siempre me dijo que me

daba mucho arte para demostrarles cariño, hasta el punto que hubo muchos de ellos

que me obsequiaron dándome dinero. Málaga en mi infancia fue un mundo de 

ensueño, de placeres, de alegrías, de sensaciones puras y atrayentes que quedaron

para siempre en mi vida. También lo fue Sevilla en el barrio donde disfruté jugando 

con la pandilla de amigos y en el colegio donde estudiamos, aquello fue también algo

hermoso y bonito. Ir al colegio era atrayente en Tablada. porque además era un buen

colegio y no había malos rollos ni malestares con los compañeros. Además de todo

este panorama positivo de los lugares con tanto encanto en los que transcurrió mi

infancia y que las relaciones fueron estupendas y que no me ocurrió, a Dios gracias,

ningún percance grave ni me pasó nada negativo que me fastidiara mi universo 

infantil, hay que tener en cuenta también que la vida desde la mentalidad o la visión 

de la niñez se contempla o se siente desde una óptica o realidad más hermosa y tierna

y fascinante que cuando ya eres adulto. El concepto o el sentimiento de la vida es

mucho más dulce y entrañable durante los años infantiles que siendo ya mayor. El

mundo onírico, las sensaciones de la mente de un niño son más gratificantes y se

observa y se palpita la vida con más belleza y encanto que en toda la existencia 

posterior. Mis sueños infantiles fueron muy abundantes y diferentes, de lo más 

preciosos y gozosos que puede sentir una persona, por eso hoy día pienso que aquello 

fue lo mejor de toda mi existencia para siempre.

jueves, 1 de octubre de 2026

PREOCUPACIONES

 Ocurre en esta vida muchas veces que le damos demasiada importancia a las cosas 

que nos pasan en nuestra cotidianidad. Y son situaciones o detalles insignificantes o

sin ser para tanto desasosiego, los que nos provocan infelicidad, angustia o sinvivir.

Yo pienso que siendo más inmaduros, o sea, en nuestros años más jóvenes, esto es

una realidad más frecuente. Nos preocupamos, nos inquietamos y nos obsesionamos

más cuando estamos verderones o inexpertos ante los aconteceres de la vida. Una 

persona que ha vivido bastante y se ha llevado palos y repasos a lo largo de los años,

yo creo que tiende a amortiguar mejor las realidades negativas o desagradables que 

se le presentan en el día a día o en el mes a mes, según se den los casos en cada cual.

Yo todo lo que he manifestado ahora lo digo por mi experiencia propia. Cuando yo

era mucho más joven le daba más importancia a las cosas espinosas y lo llevaba todo 

mucho peor que ahora que soy caballo más viejo y suelo pasar más de las personas 

con sus comportamientos miserables o estúpidos o injustos. Ahora lo llevo todo

mucho mejor y vivo mucho más a gusto sin hacer apenas caso a las cosas de la gente,

porque la sociedad está tóxica, infectada y contaminada. Y como te disgustes y te

tomes a pecho las actitudes y los vaivenes del personal, entonces se vive fatal, porque 

la mierda en la gente está presente cada dos por tres, aquí toda la peña está preparada 

para dar el zarpazo lo peor posible a todo el que se le cruce por el camino y se le

apetezca darle un buen refregón o tostonazo. La vida se compone de todas estas tristes

realidades, personas bondadosas, sensatas y respetuosas se encuentran pocas o muy

pocas en la existencia. Por eso lo mejor, lo más apropiado, lo más saludable y 

conveniente es pasar de todas las cagadas del personal e ir a tu rollo y a tu vida lo

mejor posible y evitar ser dañado y caer en preocupaciones o malestares por cosas

que realmente no merecen la pena y que proceden de gente que tampoco merecen

la pena. Así de claro.

LECTORES ACTUALES

 Desde hace varios años, o sea, en tiempos más bien recientes, vengo observando algo

que es una nota común y dominante en las librerías y no se puede decir que solo en

algunas o en bastantes: estoy que voy a contar sucede en todas. Lo he comentado con

muchos libreros ya y todos coinciden en lo mismo y no hay excepciones. O sea, que 

no hay ni un solo librero que me haya dado otra versión más positiva o halagüeña 

sobre el tema de las ventas de los libros en la actualidad. El asunto es que los lectores 

de hoy visitan las librerías con las cosas muy claras de lo que les interesa comprar.

Compran el libro que alguien les ha recomendado o bien el más famoso o divulgado

o que está de rabiosa actualidad o alguno que surja que les interese el tema en especial

o bien por otra causa particular y se acabó. Fuera de esos cánones que se tienen fijados,

a los lectores de hoy en día les dan igual los demás libros expuestos en los estableci--

mientos y suelen pasar bastante de ellos. La amplia y variada oferta editorial no les

 interesa o poco o nada. Ah, y como el autor puesto a la venta sea un desconocido, 

pues nada, directamente ni cogen el libro y que lo lea otro, quien le dé la gana de

descubrirlo, no se molestan en curiosearlo y no dan oportunidades a quienes buscan

transmitir nuevas obras y que no se quede todo para los mismos. Y cuando un joven

escritor sí consigue vender y tiene éxito y a este le hacen caso, normalmente es 

porque el libro se lo ha publicado una empresa editorial fuerte y lo ha distribuido

y difundido hasta los últimos rincones del país y se le ha dado una publicidad y un

marketing enorme y el volumen en cuestión ha sido apoyado y mimado y tratado

con unas campañas espectaculares. Así se dan más opciones para que la novatada

no se pague y los lectores sí apuesten por leer a la nueva promesa de la literatura.

Claro, que si el nuevo autor además escribe bien y el libro le ha salido redondo, 

pues entonces el éxito está garantizado y ya hay un escritor en el que los lectores 

depositen toda su confianza en los futuros libros que publique. Pero eso es así, por

supuesto, si este autor ya dado a conocer y que tan felizmente ha triunfado es un

literato con oficio y no una flor de verano. Que casos como estos últimos también 

existen, desgraciadamente para el mundo de la cultura. Pero volviendo al tema de

las ventas en las librerías, esto que he contado antes no pasaba hace muchos años.

Entonces la cosa era diferente. Yo lo pude comprobar en los años ochenta sobre todo.

En aquella época, los lectores tenían otra actitud. Eran lo que se les llama "ratas de

librerías", porque cuando visitaban estos establecimientos no era para hacer lo que 

hacen hoy. Se ponían a mirar y a buscar y a profundizar en todo el ofertado. pero no

solo observaban todas las novedades sino que se ponían a mirar por las estanterías 

y no paraban de curiosear y de interesarse por todo tipo de libros, de diferentes 

géneros y les importaba un pimiento que el autor fuera desconocido o el libro poco

vendido o divulgado. Estos lectores eran los auténticos de verdad, porque muchas 

veces compraban libros que de ser hoy en día, no compraría nadie. Y daban 

oportunidades a los escritores más desconocidos y el nivel de ventas entonces era

mucho más elevado y se leía mucho más y más variado. Y estas "ratas de librerías"

abundaban entonces, porque yo lo pude comprobar muchas veces durante aquellos

ya lejanos años.


LOS DÍAS DE LLUVIA

 Cuando yo era niño recuerdo un día muy lluvioso en Sevilla. Y yendo a comprar a un

comercio, porque era un día laborable, el dependiente de este establecimiento nos dijo

a los clientes que estábamos allí para comprarle lo siguiente: "Estos días así son para

estudiar". En efecto, he recordado algunas veces esta frase que nos soltó a todos, 

porque la verdad es que sí,  que son días para estar recogidos en casa y dedicarlos

a los estudios, y los que no sean estudiantes, pues a la lectura de buenos libros, sea

del género que sean, el caso es que es una situación muy indicada, muy apropiada

para el estudio y la lectura. Nada mejor que estar tranquilo y relajado con estos

manuales de la cultura mientras suena la lluvia desde el exterior. Yo escribí hace

muchos años un relato corto en el que recreaba esta realidad que se repite en muchos 

hogares y que es bastante común. En mi cuento o microrrelato hablaba de cómo un

padre y un hijo que son apasionados de la lectura y que tienen todo el piso lleno de

libros, se emplean todo un día lluvioso inmersos en este hermoso placer. Y cómo la

ama de casa sale a comprarles el periódico, para que marido e hijo disfruten con la

prensa, a la que también son muy aficionados. Y cómo los dos comentan las críticas 

de libros de los suplementos culturales de los periódicos, algunas de obras que ellos 

han leído ya y que no están de acuerdo en algunos casos, con los juicios sobre estos 

libros que hacen los críticos o periodistas. Estudiar o leer mientras cae el aguacero, 

disfrutar con la cultura de una manera o de otra, situación relajante y hermosa que 

se repite en muchísimas casas durante las estaciones hostiles del año, pero que esa

hostilidad del mal tiempo no lo es tal, sobre todo cuando se está abrigado y calentito

en casa con el placer de los libros, aunque llueva o granice o haya violentas tormentas 

y relampaguee y truene y caigan rayos sobre la ciudad. Son días, como dijo aquel 

comerciante, ideales para estudiar.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

EL RESPETO

 Cuando yo estudiaba el segundo de bachillerato, el profesor de Física formuló una

pregunta a toda la clase y entonces yo di la respuesta correctamente. Pero mientras 

contestaba, hubo una serie de compañeros que se rieron y se guasearon al yo hablar

y nunca he entendido a qué vino esa mofa o reacción a mala leche al yo hablar con

normalidad y decir lo que cuestionó el profesor.  Este reaccionó y me dijo: Sí, Martín,

es correcta tu contestación. Y a continuación, de manera firme, enérgica y en voz alta

sentenció: "Cuando un compañero vuestro hable,  quiero más respeto que cuando 

hable yo, insisto, más respeto que cuando hable yo". Y toda la clase se quedó en silencio 

y no hubo más un ruido durante todo el tiempo que duró. Pero ni hubo un solo gesto

o actitud de este tipo durante todo es curso ni con este profesor ni en la clase de

ninguno de los otros profesores. Parece que la respuesta contundente a la humillación 

o falta de respeto que me hicieron aquellos compañeros surtió un gran efecto y

durante todo el año de clases --esto sucedió al principio del curso-- no pasó nunca más 

nada. El respeto fue lo que estuvo de moda durante todas las clases y los malos rollos

se fueron a paseo. Todo por la actitud honrada y correcta de este docente, que no

estaba dispuesto a permitir más actos estúpidos o irrespetuosos de estos indeseables,

porque si lo querían hacer más veces, se tenían que ir para su casa y dejar el instituto,

porque ni este ni yo creo que ningún otro profesor lo iban a tolerar. En esta misma

clase de Física, hubo otro día alguien que comentó a este profesor que lo del respeto 

no era para llevarlo con tanto mijerío, o algo así dijo, en fin, que podía haber respeto 

pero sin tanta rigurosidad y tener que medir palabra por palabra. El docente dijo muy

claro a este alumno: "El respeto, el respeto, sin escatimar, y no a medias tintas, el

respeto, que lo tengas muy claro, porque uno de los problemas más graves de la vida

y de las personas y de todo lo que pasa negativo en las sociedades se debe a la falta 

de respeto, a no respetarnos los unos a los otros".

LA CIUDAD

 Cuando yo era niño, una fantasía o un sueño o una ilusión que tuve durante mucho 

tiempo fue el vivir aislado en un pequeño pueblo o en una aldea cuando fuese mayor.

O a veces completamente solo en una casita o un cortijo en medio de la sierra, en plena

soledad y sin compañía de nadie. Yo he sido siempre mucho de soledad, por eso me

imaginaba que lo mejor para estar solo, relajado y tranquilo y sin nadie era no vivir 

en una gran ciudad como la mía de siempre, o sea, Sevilla. En mi obra literaria, a lo

largo de toda una vida, he tratado bastante el tema del Beatus Ille, pues ha sido como

una constante mía en mi producción. Y he escrito varios poemas sobre este tópico 

horaciano, un relato. en una novela mía trato también el tema y así en otros escritos

míos, donde está presente esta realidad de evadirse de la ciudad, "de huir del 

mundanal ruido" y aislarse en el campo, en la soledad de la naturaleza: "Oh, montaña,

oh, campo, oh, río", como dijo mi admirado fray Luis de León. Pero pasan los años,

pasa la vida y las personas evolucionamos y cambiamos en nuestra forma de pensar 

o de ver las cosas. Yo hoy día pienso que la vida en un pueblo o en una zona rural 

podría hacerla, sí, pero solo durante pequeñas temporadas, pero de forma 

permanente me resultaría imposible porque no lo podría soportar. La vida en la

ciudad para mí es mucho mejor por muchas razones, hoy día es la vida que prefiero.

Pero no solo en mi Sevilla, hay ciudades en Andalucía, por ejemplo, donde también 

es una maravilla residir. Madrid es una ciudad preciosa, colosal, impresionante, 

donde hay y te encuentras de todo, pues como dicen los madrileños y llevan razón,

"de Madrid al cielo".

LA ESPERANZA

 "La esperanza es lo último que se pierde". Llevaba yo ya cerca de quince años de 

carrera literaria, de una lucha incansable en los premios y en las editoriales, a la

búsqueda de un más que merecido reconocimiento y después ya de todo este tiempo 

--que no era poco-- el resultado era totalmente infructuoso, o sea, de cero pelotero.

Comentando el nefasto panorama de mi vida literaria con mi amigo de entonces,

--digo de entonces, porque fueron quince años de sólida y entrañable amistad y él 

quiso que dejáramos de serlo para siempre, por razones matrimoniales y de familia 

y de querer hacer su vida independiente ya sin estorbos del camarada Martín --, yo le

manifesté mi tremenda frustración de que no hubiera manera de poder hacer diana

en ningún sitio. de que el rechazo hacia mi obra fuera tan rotundo. Pero luego le dije:

"bueno, a pesar de todo, mejor es no perder la esperanza".  A lo que mi amigo me

contestó con una firmeza que no he olvidado ni nunca olvidaré: "Yo creo, Martín, que 

la esperanza no debes de perderla nunca". Otro amigo, aunque no me relacionara

mucho con él, pero que en mi vida quedará siempre como tal, viendo mis desánimos 

y mi frustración, me dijo:  "Eso, Martín, es cuestión de seguir para adelante siempre 

e ir poco a poco escalando peldaños hasta conseguirlo". También en otra ocasión me

refirió: "no pierdas nunca la esperanza e insiste siempre porque se trata de una 

carrera de mucho fondo". Años después de todos estos buenos consejos de estos 

colegas, yo ha habido etapas en las que he estado apático y con actitudes de tirar la

toalla para siempre, ante la imposibilidad que observaba de lograr la gloria literaria 

que todos los artistas queremos. Hoy día, en la actualidad, después de 40 años de

carrera literaria, mantengo la esperanza viva de lo que aquellos amigos me dijeron

con todo el corazón y las buenas intenciones y deseos: "La esperanza no debes de

perderla nunca".