Siempre es hermoso descubrir una actividad nueva, pero doblemente fascinante si se
trata de una ocupación virtuosa que enriquece el espíritu y nos hace la vida más
ilusionante como es el mundo de la lectura y de los libros. Hay quien se aventura al
universo de la cultura tardíamente, porque para encontrarlo, como en tantas otras
realidades de la vida, no hay fijada una edad. Me viene a la memoria la sobrina de un
amigo mío, que nunca había sido una persona que le interesara la lectura, porque lo
único que había leído es lo que le mandaron por obligación en su época de estudiante
y nada más. Toda una vida sin leer ni un libro y ya con cerca de los cincuenta años,
le vinieron las musas lectoras y se enganchó a esta pasión intelectual pero de una
manera muy intensa. Todo lo que no había leído durante décadas lo iba a leer
vorazmente tras la afortunada iniciativa o impulso que. sin duda, le transformó la
vida de una manera muy feliz, provechosa y enriquecedora. En mi caso particular,
la realidad fue parecida, pero algo distinta. Yo fui un pobre lector durante mi infancia
y adolescencia, el leer en mi vida fue a rachas y me cundía poco. Pero cuajó en mí no
la lectura por derecho, como a esta chica antes mencionada, sino la escritura, porque
comencé una carrera literaria con mucho nervio e intensidad, trabajando fuerte desde
un primer momento. Y así sigo en la actualidad, produciendo a destajo, quizás en los
últimos tiempos con más fecundidad que durante toda mi vida literaria anterior. Pero
eso sí, lo mismo que he escrito mucho, he leído también, las dos actividades se tienen
que compatibilizar en la vida del literato. porque una depende de la otra. El escribir
sin una buena formación lectora, no conviene. pero si lees demasiado y no dejas
espacio para la creación, tampoco es interesante. Se deben dosificar con el mayor
acierto posible estos dos nutrientes en la existencia del artista. Pero lo que a mí me
sucedió fue algo peculiar. Yo fui un desastroso lector, de lo más cortito, pero al brotar
en mi realidad adolescente la pasión por escribir y aventurarme en la vida creativa
para siempre, me llevó de inmediato a la dicha de leer, al gozo por adentrarme al
contenido de los buenos libros. Y toda una larga etapa transcurrida, cercanos ya los
cuarenta años de vida literaria, tanto la escritura como la lectura, han sido las
principales razones de mi vida.