Hace ya tiempo leí un artículo en un periódico de Sevilla que me resultó curioso
y emotivo y que me hizo que me asaltaran los recuerdos de mis orígenes o prehistoria
literaria. En el citado artículo, un joven de 18 años comunicaba con mucha ilusión,
vocación y encanto su deseo de querer ser periodista y escritor. Decía que desde muy
niño este era su sueño y que los maestros de su colegio le decían a su madre que
contaba buenas historias y que valía como escritor. Este incipiente literato cuenta
que crecía con esas ganas de contar cosas e investigar y que preferia hablar con los
profesores en los recreos cuando estaba ESO, que con sus propios compañeros,
porque el conocer cosas de mayores y saber contarlas les hacían creer que estaba
soltando mil faroles. En la actualidad, con 18 años, este joven dice que va a hacer la
selectividad y ve la cosa difícil. Insiste en que le encanta escribir y que, al
enseñárselo a la gente, todos dicen que vale para esto. Yo quiero comentar algo
sobre lo que cuenta este chico, en el que observo un entusiasmo y un deseo muy
firme y decidido por su vocación literaria y periodística y al mismo tiempo se
contempla en el artículo, a pesar de ser breve, que sabe escribir y que este tema
es realmente lo suyo. La vocación por el arte de la palabra ha amanecido muy
precozmente en este joven, desde que era muy chiquillo y nos narra en poco
espacio su evolución hasta el momento presente en el que se supone obviamente
que va a estudiar una carrera, aunque eso no lo especifica, tan solo dice que ya va
a hacer la selectividad. Y parte de que la cosa está difícil, pues se ha dado cuenta
y ha visto el panorama, como todos los que comenzamos en este mundo que lo
solemos ver muy pronto, de que destacar en el arte y conseguir tus sueños hechos
realidad es algo que resulta demasiado complicado. No obstante, en este simpático
joven se le ven las ideas y las cosas muy claras de que es lo que quiere hacer en el
futuro y que va a seguir siempre por este camino, aunque cueste mucho y se lo
lleguen a poner muy retorcido. Al leer la experiencia de este nuevo artista literario
que comienza ya con un paso decidido y sólido su carrera, me han venido los
recuerdos de cuando en mi vida surgió con la edad de 17 años, cuando yo nunca
pensé que acabaría siendo escritor. Aunque ya tuve brotes espontáneos e hice
algunos escritos sueltos durante los dos cursos anteriores cuando estudiaba en el
instituto, yo nunca pude imaginar que la cosa iba a cuajar tan fuerte en toda mi
vida futura y que el ser escritor y producir a destajo iba a ser mi constante para
siempre. Salvo algunas etapas que he estado poco activo, en mi vida literaria he
estado enganchado y ha sido la nota dominante en mi existencia. Cuando me vino
por derecho a principios del año 1984, lo tuve clarísimo que ya era lo mío y aquí
sigo con este trabajo artístico e intelectual. Al leer este artículo, como digo. de este
nuevo, jovencísimo, literato que comienza, la memoria me lleva a la situación
en la que él se encuentra ahora, el sueño de cuando me inicié y quise ser alguien
de valía y provecho que pretendía aportar mi arte y mi talento, la belleza y el
encanto del fascinante mundo literario que deseaba transmitir y divulgar lo más
posible a la sociedad y que es la mayor pasión y felicidad que existe en la vida
de todos los que nacemos para esto.