Ocurre en esta vida muchas veces que le damos demasiada importancia a las cosas
que nos pasan en nuestra cotidianidad. Y son situaciones o detalles insignificantes o
sin ser para tanto desasosiego, los que nos provocan infelicidad, angustia o sinvivir.
Yo pienso que siendo más inmaduros, o sea, en nuestros años más jóvenes, esto es
una realidad más frecuente. Nos preocupamos, nos inquietamos y nos obsesionamos
más cuando estamos verderones o inexpertos ante los aconteceres de la vida. Una
persona que ha vivido bastante y se ha llevado palos y repasos a lo largo de los años,
yo creo que tiende a amortiguar mejor las realidades negativas o desagradables que
se le presentan en el día a día o en el mes a mes, según se den los casos en cada cual.
Yo todo lo que he manifestado ahora lo digo por mi experiencia propia. Cuando yo
era mucho más joven le daba más importancia a las cosas espinosas y lo llevaba todo
mucho peor que ahora que soy caballo más viejo y suelo pasar más de las personas
con sus comportamientos miserables o estúpidos o injustos. Ahora lo llevo todo
mucho mejor y vivo mucho más a gusto sin hacer apenas caso a las cosas de la gente,
porque la sociedad está tóxica, infectada y contaminada. Y como te disgustes y te
tomes a pecho las actitudes y los vaivenes del personal, entonces se vive fatal, porque
la mierda en la gente está presente cada dos por tres, aquí toda la peña está preparada
para dar el zarpazo lo peor posible a todo el que se le cruce por el camino y se le
apetezca darle un buen refregón o tostonazo. La vida se compone de todas estas tristes
realidades, personas bondadosas, sensatas y respetuosas se encuentran pocas o muy
pocas en la existencia. Por eso lo mejor, lo más apropiado, lo más saludable y
conveniente es pasar de todas las cagadas del personal e ir a tu rollo y a tu vida lo
mejor posible y evitar ser dañado y caer en preocupaciones o malestares por cosas
que realmente no merecen la pena y que proceden de gente que tampoco merecen
la pena. Así de claro.
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