Cuando yo era niño recuerdo un día muy lluvioso en Sevilla. Y yendo a comprar a un
comercio, porque era un día laborable, el dependiente de este establecimiento nos dijo
a los clientes que estábamos allí para comprarle lo siguiente: "Estos días así son para
estudiar". En efecto, he recordado algunas veces esta frase que nos soltó a todos,
porque la verdad es que sí, que son días para estar recogidos en casa y dedicarlos
a los estudios, y los que no sean estudiantes, pues a la lectura de buenos libros, sea
del género que sean, el caso es que es una situación muy indicada, muy apropiada
para el estudio y la lectura. Nada mejor que estar tranquilo y relajado con estos
manuales de la cultura mientras suena la lluvia desde el exterior. Yo escribí hace
muchos años un relato corto en el que recreaba esta realidad que se repite en muchos
hogares y que es bastante común. En mi cuento o microrrelato hablaba de cómo un
padre y un hijo que son apasionados de la lectura y que tienen todo el piso lleno de
libros, se emplean todo un día lluvioso inmersos en este hermoso placer. Y cómo la
ama de casa sale a comprarles el periódico, para que marido e hijo disfruten con la
prensa, a la que también son muy aficionados. Y cómo los dos comentan las críticas
de libros de los suplementos culturales de los periódicos, algunas de obras que ellos
han leído ya y que no están de acuerdo en algunos casos, con los juicios sobre estos
libros que hacen los críticos o periodistas. Estudiar o leer mientras cae el aguacero,
disfrutar con la cultura de una manera o de otra, situación relajante y hermosa que
se repite en muchísimas casas durante las estaciones hostiles del año, pero que esa
hostilidad del mal tiempo no lo es tal, sobre todo cuando se está abrigado y calentito
en casa con el placer de los libros, aunque llueva o granice o haya violentas tormentas
y relampaguee y truene y caigan rayos sobre la ciudad. Son días, como dijo aquel
comerciante, ideales para estudiar.
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