miércoles, 24 de junio de 2026

RADIOGRAFÍA DEL TROLERO

 En la sociedad abundan los troleros en todas las facetas o acepciones que pueda tener 

el término. Es una realidad de la vida cotidiana, tan natural, desgraciadamente, como 

la vida misma, porque hay que convivir con estos seres despreciables que nada más 

que viven y sienten la mentira, todo su mundo gira en torno a eso. a cuantas más 

mentiras eche, mejor,  a cuantos más consiga engañar con sus historias fantasmonas,

mejor. Con cuantos más puedan desahogar su carácter presuntuoso., emitiendo

faroles o fantochadas con las que sentirse felices y realizados, como si todas esas

figuronadas fuesen ciertas y hubieran ocurrido en la realidad,  contándolas con una

vanidad y grandeza cuando realmente son unos pobres hombres que tienen que 

vivir del cuento.  Hay una realidad evidente en la vida de todas las personas y es que 

todos solemos mentir. pero eso muchos lo hacen de vez en cuando y ante situaciones

comprometidas o complicadas en las que decir la verdad puede acarrear un resultado 

espinoso, o. simplemente, incómodo y que produzca malestar o mal rollo. Ante

muchas situaciones en la vida optamos por la mentira para salir reparados de una

cuestión o circunstancia que creemos que al destaparse con la verdad nos hace 

vernos en situaciones peores. Pero eso es una cosa, como lo es cuando se trata de

ámbitos frívolos o asuntos sin importancia, de las mentirijillas piadosas, de pequeños

embustes, que, aunque no sea correcto largarlos, tampoco nos retuercen o trastornan

excesivamente la vida. No obstante, yo pienso que cualquier mentira, aunque sea 

pequeña o poco trascendente, si se puede evitar y no soltarla, mejor y más estupendo,

que se vaya la falsedad cuanto más lejos mejor. Pero aquí el asunto que me ocupa es

el más insoportable, estúpido y lamentable. Es el de las personas --si se les puede

considerar como tales-- que viven el día a día solo para la mentira, que hacen del

trolerismo y el fantasmeo su razón de ser y de estar en la vida. Raro es el día que no

van faroleando a todo el que se encuentran y se comportan con demasiada frecuencia 

como auténticos figurones. La gente que va así por la vida no merece la pena y todos

los que los van conociendo procuran --o deberían-- darles de lado y dejarlos porque 

lo que hacen es tan solo marearnos, trastornarnos y crearnos conflictos y discusiones.

Porque ante tantas fantasmadas y tantas patrañas, los demás suelen acabar diciéndoles 

que se las crean ellos y que se vayan al cuerno con tantos rollos y tantas historias. El

trolero o  fantasmón no suele deponer su comportamiento, aunque le vaya muy

mal en su vida con esta actitud repugnante para los demás, pero muy gozosa para él;

sigue para adelante con sus embustes, porque es su forma de ser y no la va a cambiar 

ni pretende mejorar en su vida y liberarse de su podrida e infecta personalidad. Ha

nacido para eso y así morirá, queda como una carroña para todo el mundo, pero le

da lo mismo porque él es así y eso es lo que hay.



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