Sentir ilusiones en la vida es algo muy necesario y fundamental. Si se tienen muchas
mejor, los sueños por hacer cosas hacen la existencia más alegre y feliz. Nos mantiene
las ganas de vivir pero no debe llevarse con grandes excesos, porque nos puede a
veces perjudicar en nuestra vida si nos desbordamos. Yo padecí durante muchos
años una cruel enfermedad nerviosa. Al final fue el aventurarme por las ilusiones
lo que creo que desembocó en que yo me salvara de esta ruina y saliera adelante
y evolucionara cada vez a mejor y mi enfermedad quedara como si no hubiera
existido en mi vida. Fue muy importante también el acierto de mi tratamiento,
aunque si yo no hubiera tenido mis ilusiones por todo lo alto irradiandome dichas
y alegría de vivir, las medicinas hubieran servido de poco o nada. Las ilusiones y los
sueños me han producido siempre un gozo enorme por la vida, he estado reinando
siempre con mucha felicidad con todo lo que escribía y en todos los reconocimientos
que pudiera lograr en el futuro. Tener ilusiones en la vida conduce a encontrar el
camino más positivo y hermoso que hay. Si yo no hubiera experimentado mis
ilusiones con tanta intensidad, mi vida hubiera sido muy diferente y mucho peor.
A mí los sueños no me han faltado. Salvo una crisis que tuve en el año 1998, en la
que me vine abajo por mis frustraciones rotundas en los premios literarios, por lo
demás la alegría no me ha faltado. Y es lo que me mantiene cómodo y con deseos
por la vida.
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