Cuando yo era niño, una fantasía o un sueño o una ilusión que tuve durante mucho
tiempo fue el vivir aislado en un pequeño pueblo o en una aldea cuando fuese mayor.
O a veces completamente solo en una casita o un cortijo en medio de la sierra, en plena
soledad y sin compañía de nadie. Yo he sido siempre mucho de soledad, por eso me
imaginaba que lo mejor para estar solo, relajado y tranquilo y sin nadie era no vivir
en una gran ciudad como la mía de siempre, o sea, Sevilla. En mi obra literaria, a lo
largo de toda una vida, he tratado bastante el tema del Beatus Ille, pues ha sido como
una constante mía en mi producción. Y he escrito varios poemas sobre este tópico
horaciano, un relato. en una novela mía trato también el tema y así en otros escritos
míos, donde está presente esta realidad de evadirse de la ciudad, "de huir del
mundanal ruido" y aislarse en el campo, en la soledad de la naturaleza: "Oh, montaña,
oh, campo, oh, río", como dijo mi admirado fray Luis de León. Pero pasan los años,
pasa la vida y las personas evolucionamos y cambiamos en nuestra forma de pensar
o de ver las cosas. Yo hoy día pienso que la vida en un pueblo o en una zona rural
podría hacerla, sí, pero solo durante pequeñas temporadas, pero de forma
permanente me resultaría imposible porque no lo podría soportar. La vida en la
ciudad para mí es mucho mejor por muchas razones, hoy día es la vida que prefiero.
Pero no solo en mi Sevilla, hay ciudades en Andalucía, por ejemplo, donde también
es una maravilla residir. Madrid es una ciudad preciosa, colosal, impresionante,
donde hay y te encuentras de todo, pues como dicen los madrileños y llevan razón,
"de Madrid al cielo".
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