Son muchas las personas que sienten la necesidad de crear y que están más o están
menos capacitadas para hacerlo con arte e ingenio; yo creo que es ante todo una
hermosa y apasionante realidad de nuestra vida. Y que se debe fomentar en gente
de todas las edades que se encuentre con deseos de desarrollarla. La creatividad,
ya sea escribir un poema o un relato, hacer un dibujo o un collage o una manualidad
del tipo que sea, o componer una música o a una canción o a un himno ponerle
letra, etc. Todo nos hace sentirnos satisfechos cuando hemos efectuado la creación
y nos aventura a tener esta ilusión por hacer una obra que, además de distanciarnos
de la rutina, nos sirve para realizarnos y a veces hasta disfrutar mientras lo hacemos.
Y digo a veces, porque hay actividades creativas que nos pueden resultar relajantes,
pero hay otras, como escribir, que nos pueden generar tensión y que el trabajo y
elaboración de la obra literaria sea extremadamente complejo y sacrificado. Pero
todo esfuerzo siempre tiene su recompensa y si has quedado satisfecho con la
novela que has redactado o con un poemario o una obra de teatro, etc., la alegría
y el gozo y el orgullo de haberlo hecho con maestría y genio resulta maravilloso
en la vida del creador. La creatividad sirve de ocio o entretenimiento, de buscar
una manera de emplear el tiempo de una forma más enriquecedora que el
trabajo o el oficio que se desempeña como medio de vida. La creación te hace
soñar e ilusionarte; sientes la fascinación de que haces algo diferente y un tanto
especial a lo que suele hacer todo el mundo en general, porque la creación es
asunto de una mínima parte de la sociedad; los artistas no suele haberlos por
legiones, es más bien una labor muy minoritaria. La creación aporta a la persona
que la cultiva paciencia, disciplina y amor a este tipo de trabajo. Puede ser el
centro de su existencia y convertirse en una droga y una obsesión y, a veces,
dado el encanto tan grande que se vive por crear, caer en los excesos y perjudicar
o poner en riesgo la salud. La creatividad no tiene fin, siempre está abierta a hacer
cosas nuevas, siempre se está aprendiendo, siempre el artista se va encontrando
campos o ideas nuevas y el manantial de inspiración y la capacidad de trabajo
para algunos nunca se agota y siempre permanece fértil y floreciente. Para
muchos es como una terapia o desahogo personal que sirve para expulsar muchas
vivencias o situaciones que se presentan en la vida. Muchas veces nos libera y nos
oxigena de las preocupaciones y los problemas del día a día y nos ayuda a que
nuestra existencia sea mucho mejor. Y produce alegría, un encuentro con nosotros
mismos, una manifestación de algo que podemos aportar, sea más bello o menos,
pero que lo hemos hecho con el corazón para que pueda resultar hermoso. Y en
todo momento, para el que orienta su vida por este camino, es una motivación
muy dulce para seguir viviendo.
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