Decía la escritora Mercedes Salisachs en una entrevista que la vejez sin achaques es la mejor época de la vida. Yo pienso que en la vejez normalmente existen los achaques. Otra cosa son las excepciones y hay ancianos que gozan de la gracia y la fortuna inmensas de no tener apenas problemas con la salud y estar libres de molestias de enfermedades. Pero estos casos abundan poco, escasean las personas que pueden disfrutar de esa lotería tan maravillosa. Aun en el caso de que en una persona senil no existan los achaques, el bienestar, la energía y la vitalidad de los jóvenes, obviamente, no la tienen. No creo para nada que la vejez, aunque sea sin achaques, resulte ser una época para tirar cohetes ni que sea la mejor de la vida. No estoy de acuerdo con esta afirmación de esta destacada escritora. Un gran amigo mío, tristemente desaparecido, me dijo que la vejez es muy fea, a lo que yo le comenté que es una pesadilla o un infierno o incluso una tragedia. La vejez no creo que se pueda considerar como una etapa maravillosa en la existencia. Por ello, ante los malestares y sufrimientos que acarrea este último episodio de nuestra vida, lo mejor mientras no se ha llegado es aferrarse y tener presente intensamente lo que dice el aforismo más famoso de la literatura romana. El carpe diem es un gran principio vital, es una idónea filosofía de vida. Aprovecha el día. Mejor aprovechar la juventud y obtener los más sabrosos frutos de ella. Te ofrece más posibilidades de conseguirlo que la senectud, donde las limitaciones, la pérdida de facultades y las molestias de las goteras no te hacen la existencia muy bonita que digamos. Las épocas anteriores de la vida, si las sabes aprovechar bien y si no te va mal durante ellas, merecen sin duda más la pena que la decadencia de la senectud.
domingo, 23 de mayo de 2021
sábado, 22 de mayo de 2021
EL ESCRITOR Y LA SOLEDAD (1)
Es una realidad evidente --testimoniada por muchos intelectuales a lo largo de la historia-- la identificación del escritor con la soledad. El escritor, la figura del escritor --ya sea consagrado o frustrado, ya sea cual sea la época que le ha tocado vivir, la situación histórica en la que desarrolla su actividad o las circunstancias personales que han marcado su existencia-- ha tenido como estigma común e inexorable de su mundo la situación de soledad. El escritor, podríamos decir, es solitario por naturaleza. Ramón Gaya escribe lo siguiente: "A la soledad, vista de tal o cual manera, la necesitamos todos sin remedio. Claro que el artista, el creador, la necesita más que nadie, ya que en ella --y solo en ella--, en su concavidad vacía, es donde lo encuentra todo... Sí, todo aquello que vamos logrando ser --en la vida como en la obra de creación-- se lo arrancamos, muy penosamente, a la soledad". Importante y esencial reflexión en torno al tema que nos ocupa en este ensayo. En efecto, la soledad es necesaria, todos acudimos a ella cuando queremos relajarnos, en muchos momentos de la vida queremos estar solos, meditar en soledad, gozar a nuestras anchas de su torrente de bienestar. Pero es el escritor, el artista, el intelectual, quien más la busca, quien más desea respirar de sus bondades, quien más necesita evadirse y desarrollar su vida bajo esta realidad con la que muchas veces encuentra el relax y el germen, "la simiente" para producir su obra. Son los momentos de soledad los que producen más riqueza en la vida del escritor, es a través de ellos en los que surge el gusanillo de la inspiración, y ya en el trabajo, en el acto de la creación, el escritor necesita estar solo y rendir cuentas a su actividad, una labor siempre amada y necesitada, aunque sea una labor de duro esfuerzo, de tensión, de concentración mental que es, sin duda, sacrificada, no es ningún caminito de rosas, aunque, al final, si da sus frutos, sí es muy dulce y gratificante. Esto es lo que podríamos denominar "el sabor agridulce de la literatura". Pero sin salirme de este tema que me ocupa, decir que esta realidad innata y central en la vida del escritor, ha sido motivo de reflexión de muchos intelectuales a lo largo de la historia de la literatura. Ha habido opiniones para todos los gustos. Unos la consideran negativa, "no es bueno que el hombre esté solo". "Un corazón solitario, no es un corazón", (Antonio Machado), otros necesaria, "porque nos permite ser por nosotros mismos" (Ramón Gaya), "el mar, el mar y no pensar en nada" (Manuel Machado). Algunos lamentan la crueldad de su acoso, y otros, como el caso de Arthur Schopenhauer, la consideran como una auténtica mina de oro. Este último autor se refiere en concreto al hombre superior en inteligencia y considera que estas personas superdotadas deben refugiarse en la soledad, en primer lugar porque le procura estar consigo mismo, y otra, el no estar con los demás. Sobre esto Arthur Schopenhauer nos hace reflexionar sobre cuánta violencia, molestia y hasta peligro acarrea el trato con ellos. Por ello, el sabio, el genio creador debe ser un insociable que no necesita a toda esa gente, pues en una gran mayoría es moralmente mala e intelectualmente obtusa o trastornada. En efecto, el genio creador, a lo largo de la historia, se ha visto dañado, gravemente perjudicado, por su trato con otras personas muy inferiores a su capacidad para trascender en la vida. Y es, sin la menor duda, el fantasma de la envidia el motivo que ha llevado a estos seres que rodearon o rodean la vida de los creadores a hacer peligrar o sembrar de dolor y angustia el transcurrir de su mundo. Por ello, Arthur Schopenhauer apela a la soledad, al sentimiento de evasión, a la tranquilidad de espíritu que proporciona para evitar todos los sufrimientos y malestares que la sociedad que convive con el artífice de la sabiduría le provoca. Viene muy acorde con estas últimas reflexiones la famosa cita de Jonathan Swift: "Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él". El escritor es vulnerable a la sociedad que le rodea, por ello la soledad es o debe de ser una razón esencial de su existir. Leyendo las biografías de los escritores se puede corroborar lo expuesto, pues se observa claramente los problemas que provocaron en sus vidas el trato con la gente próxima a su entorno vital, que si en algunos casos no les hicieron daño, su único afán era aprovecharse de ellos, acosándolos en deseos de amistad para lograr dicho fin. Esto ha sido, es y será una realidad en la vida del escritor, que si adopta una actitud solitaria le priva del trato con cualquiera de estos indeseables. La sociabilidad excesiva es una inclinación muy peligrosa que el escritor debe evitar en su existencia. La soledad llena de bienestar a muchos intelectuales, la soledad es paz y encuentro con su mundo rico y venturoso, la soledad es la mejor situación para formarse y volcarse en su trabajo, para dejar el legado cultural que ambiciona, para sentir plenamente lo que de verdad inunda su ser y absorber las fuentes de la sabiduría, siempre en su situación de soledad.
viernes, 21 de mayo de 2021
EL ESCRITOR Y LA SOLEDAD (2)
El tema de la soledad en la vida del escritor viene de antaño. Los humanistas del Renacimiento amaban la soledad. Uno de ellos, Fray Luis de León, desarrolló el tópico horaciano del Beatus Ille (Beatus Ille in procul negotiis: "Dichoso aquel que de pleitos alejado") y menospreció insistentemente en sus poemas la corte y alabó la aldea o la vida retirada en soledad. Son bastantes ejemplos los que se pueden citar de este deseo de evadirse del mundanal ruido de nuestro genial humanista, ante las tremendas desgracias que le acarrearon en su vida sus enemigos eclesiásticos e inquisitoriales. Muy famosa es su décima "Al salir de la cárcel", en la que queda reflejado el sentimiento de soledad, de evasión, de alejarse "de aqueste mundo malvado":
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso
con solo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.
Aflora en este poema autobiográfico de Fray Luis de León la principal razón por la que el escritor, el sabio, debe retirarse de este mundo malvado, vivir en soledad y apartarse de todos sus enemigos: los envidiosos, la envidia, y gozar a solas con la naturaleza. El tema de descubrir la soledad del campo, del monte, del bosque, del mundo natural, como el mejor medio de retirada para el genio creador, es ampliamente explotado por este poeta en sus textos horacianos. Elogia estos parajes solitarios y esto queda reflejado en estos versos del poema "Vida retirada":
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Y en estos otros, del mismo poema, sobre su elogio a la naturaleza, como el mejor medio de evadirse de los males de la sociedad:
¡Oh, campo! ¡Oh, monte! ¡Oh, río!
¡Oh, secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Son muchos otros los ejemplos que se pueden poner de versos de este genial autor renacentista que insisten sobre este tema siempre presente en la vida de los creadores.
miércoles, 19 de mayo de 2021
EL ESCRITOR Y LA SOLEDAD (3)
En la vida del escritor la soledad excesiva puede ser abrumadora. Cierto es que debe huir de la gente que le rodea, que en su mayoría lo que desean es fastidiarlo, aprovecharse de su talento, sembrarle de odio y malestar ante el fantasma de la envidia que sienten, pues no soportan que logre triunfar en la vida, en su mundo literario que puede ser trascendental. Por ello, el escritor debe ser insociable e ir a sus asuntos y a sus meditaciones en soledad, debe responder tajantemente ignorando a todo ese corrillo de envidiosos indeseables que lo único que quieren es hundirlo cuanto más mejor. Para eso está la vida solitaria como mejor antídoto para desentenderse y pasar de toda esta carroña. Sin embargo, es evidente que la soledad absoluta es triste. Por ello, en esta realidad de problemas y angustias en la vida del escritor --el escritor es, por lo general, un ser atormentado-- debe buscar amigos de verdad, amigos auténticos, personas que lo admiren y apoyen y que sepa que nunca o muy difícilmente lo van a traicionar. Este es el hueco que el escritor debe hacerse como excepción en el trato con los demás. Estos amigos para toda la vida deben ser muy pocos --en esta vida los buenos colegas, y ya no me refiero solo a esta realidad del escritor, son muy escasos y se cuentan con los dedos de la mano-- y con ellos es donde verdaderamente el escritor debe enriquecerse, compartir gratos y provechosos episodios de su vida con su buen corazón y sentir con acierto y bienestar el auténtico sentimiento de la filantropía. Estas son las personas con las que el creador debe relacionarse más intensamente, las que más debe buscar y comunicarse y expansionarse con su atrayente compañía.
martes, 18 de mayo de 2021
EL ESCRITOR Y LA SOLEDAD (4)
Dentro del apartado de las soledades en la vida del escritor está uno que es esencial para el mundo literario que desarrolla. Se trata de la soledad amorosa. A lo largo de la historia de la literatura, el amor es un tema insistentemente explotado: es una realidad descargada en los diferentes escritos y quizás el que más motiva a los escritores a la hora de expresar su mundo: sus sentimientos, sus pasiones, sus ilusiones o sus frustraciones. Pero es la situación de soledad amorosa, es el no sentir el bienestar de una compañía sentimental lo que más impulso, lo que más motivación lleva al autor a expresarse, a desahogarse de algo que no es cómodo y que en la vida, el sentir el amor, es necesario. Es esta realidad de la soledad amorosa (la soledad más dura, penosa e inhumana) la que más conmueve, la que más angustia y la que más inspira al poeta, al novelista, al dramaturgo: al autor literario en definitiva. Es esta realidad de tristeza y frustración, de no poder sentir la compañía, el bienestar, el amor del ser querido, lo que más puede enriquecer la obra de un escritor. Es una obsesión, es el universo más amplio y más hermoso que el creador puede reflejar y es esta sensación de abatimiento la que origina grandiosas obras literarias. El amor conquistado, la felicidad, el mundo positivo alcanzado no produce tantas genialidades como la situación de soledad. La tristeza, la frustración, el desencanto de vivir desolado es la realidad que más energía transmite al escritor a la hora de expresarse. Como dijo Vicente Aleixandre en torno a estas situaciones vitales: "El poeta que no sufre será un poeta alegre, pero un poeta superficial". Es el sufrimiento, el malestar, la soledad, el no poder sentir el escritor lo que más desea, lo que le lleva a manifestarse con más acierto y genialidad en sus obras literarias. La soledad amorosa es una triste realidad, a veces, para el escritor, pero al mismo tiempo es la realidad que más satisfacciones le otorga a la hora de desarrollar su producción: es una sensación que no desea y de la que quiere salir, pero es lo que más enriquecimiento aporta a su actividad, lo que más gozo de sentirse identificado con su labor le transmite y la mejor forma que encuentra para desahogarse de su difícil y angustiosa vida: la situación agridulce de la soledad amorosa.
EL ESCRITOR Y LA SOLEDAD (5)
En cuanto a la identificación del escritor y la soledad quiero exponer mi análisis personal, cómo ha afectado en mi vida este mundo de la soledad, tanto en mi actitud de escritor como de hombre. En primer lugar, deseo testimoniar una sensación muy curiosa que viví durante mi infancia: en los años de mi niñez no hacía otra cosa que soñar con la vida solitaria, soñaba con mi futuro y deseaba cuando fuese mayor vivir solo, aislado en medio de una sierra y apartado de todo el mundo. Durante estos sueños de infancia no quería casarme, prefería en mi futuro quedarme soltero y respirar el aroma puro de mis soledades. Pero llegado ese futuro al presente he sentido durante años el acoso de la soledad. Y de la soledad amorosa. Lejos quedaban aquellos años de mi niñez en los que me evadía de los amigos de la calle y me iba a pasear solo... "el llanero solitario" me llamaban. Sobre esta problemática mía actual quiero referirme al importante razonamiento de Cristóbal Halffter: "Son muy distintas las necesidades de compañía y soledad que tiene cada individuo. La soledad querida y voluntaria es siempre enriquecedora, la soledad impuesta es destructiva e inhumana". En efecto, cuando yo deseo estar solo, cuando quiero relajarme y meditar en soledad, me encuentro feliz, no dependo de la compañía de nadie. En cambio, hay otros momentos o circunstancias en los que me encuentro solitario y aburrido y deseo la comunicación con los demás y esto se me niega, siento una soledad impuesta que me produce malestar. La soledad absoluta que soñaba durante mi infancia no es una vida gozosa, es un atropello de crisis. Pienso que las dosis de soledad y de comunicación, de la compañía de los demás para no verse uno aislado definitivamente, tienen que suministrarse de una forma racional y no sentir una u otra situación de manera insistente y desafiante. Por ello, hay que buscar y saber encontrar la mejor vida posible, no perder nunca la esperanza de alcanzar una realidad optimista y feliz, que es, indudablemente, a lo que todo ser humano aspira.
SOBRE LA LECTURA (1)
Resulta verdaderamente hermoso descubrir la pasión por el mundo de la lectura. Las personas que se enganchan en la aventura de leer hay que decir de ellas que han sabido encontrar no solo un vínculo con la cultura y la sabiduría, sino que han orientado su vida muy provechosa y satisfactoriamente. Sumergirse en el universo literario tan fascinante que se ha creado también es un óptimo medio de relajarse, de sentir el gusto por la belleza --el único pero genial y trascendente objetivo de toda creación artística--. Todo el que lee obras que le atraen siente una suprema felicidad, un bienestar, un encuentro venturoso con la estética que produce en su vida de lector momentos inolvidables de placer y regocijo. La lectura puede decirse hoy día que es el mejor medio de evasión para el hombre moderno. Quizás más aún que en el pasado, pues dado que la vida hoy en día en las grandes ciudades y en la mayor parte de los sitios está tan estresante y resultan tan duras las jornadas laborales, que para la persona que le guste leer, que haya sabido elegir este horizonte de gozo por la hermosura literaria, no hay mejor antídoto contra la rutina y la fatiga de todos los días, que sentir la relajación de los libros y sumergirse en nuevos mundos, nuevas historias, nuevas aventuras con las que recrearse y disfrutar. O sentir la manifestación más pura de la literatura y la que resulta más estimulante que es la lectura de poesía, de absorber el lirismo, las sensaciones que produce este género tan atractivo y tan dejado a un lado por una gran parte de los lectores.