Paseando por mi Córdoba andaluza
llegué un día a la blanca y recogida
Plaza de Capuchinos... Y allí estabas,
Oh, Santísimo Cristo de los Faroles,
con los brazos clavados en la cruz,
allí estabas y a ti me dirigí con fe
y con amor y con mucha esperanza.
Ese día de mayo en primavera,
de soledad en la plaza, tú y yo solos
con tus ocho faroles, con tus ojos de mármol,
me calmabas mis dolores, me llenabas
de bienestar, de gozo y desahogo.
Cristo de los Faroles, oh, Cristo milagroso,
Cristo del Sepulcro, icuánto me hiciste!
Mi encuentro contigo en paz y en silencio,
mi amor por tu grandeza, allí, en la plaza,
tú y yo solos, y yo liberado y yo curado,
te conté las penas que tenía y ahora
la estrella de la salud, gracias a ti, iCristo vive!
iVive el Santísimo Cristo de los Faroles!
Vivo yo por tu luz pura sobre mi vida,
iOh, sí, Cristo de leyenda. emblema y esencia
de nuestra Córdoba, de nuestra gran Andalucia!
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