viernes, 3 de junio de 2016

LOS SELLOS COLONIALES

En el año 1972 me tocó hacer el servicio militar en la provincia española del Sahara. Me inquietó en un principio, como les sucedía a muchos quintos, pero después me resigné porque no me quedaba otro remedio y hasta me animé a ver qué tal me iba esta nueva experiencia que viviría tan alejado de mi ciudad, de mi familia, de mi novia y de mis amigos. Yo que apenas había salido de mi Valladolid natal, ahora iba a recorrer muchos lugares de España. Después del larguísimo viaje en tren primero y en barco después, puse los pies en el desierto del Sahara con el deseo de que me fuera bien y superara sin problemas graves esta dura y sacrificada realidad que se había presentado en mi vida. Cuando llevaba varios días de mili en este desierto, nos dieron tiempo libre para descansar y yo aproveché para escribir cartas a mis padres y hermanos, a mi novia y a mis amigos, que desde que llegué no tenían noticias mías. Fui a una tienda del Aaiún y compré sobres y sellos de correos del Sahara. Desde un primer momento me gustaron mucho los sellos de esta colonia española; yo nunca los había visto en Valladolid: no conocía ni éstos ni los de otras antiguas colonias como Ifni, Guinea española, Fernando Poo, Río Muni, Marruecos, etc. Esta información de los otros sellos coloniales me la dio Javier, un compañero que era filatélico y que me comentó que tenía en Sevilla una buena colección de sellos de colonias que había comprado en su ciudad en el mercado filatélico de la plaza de Santa Marta. Me gustaron más estos sellos que los que había visto anteriormente de España y otros países extranjeros. Me recorrí en los ratos libres que nos daban todas las tiendas del Aaiún en busca de todos los sellos que tuvieran e hice un buen acopio, porque en una de ellas, al comentarle a la dependienta que me gustaban los sellos del Sahara y que me había decidido a coleccionarlos, me vendió una buena cantidad de otros que se emitieron muchos años atrás y que ya no se utilizaban para el franqueo. Javier los tenía casi todos, pero le compró a esta mujer algunos que le faltaban. Estos sellos son todos preciosos y muy originales: de dromedarios, indígenas, músicos, peces, fauna indígena, deportes, personajes, escritores como Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Francisco de Quevedo --éstos me llamaron mucho la atención--, carteros saharauis, aves, plantas y flores y un largo etcétera. Pero hubo una serie de sellos nueva que se emitió estando yo allí que es de tipos indígenas: Pinturas de la Dirección General de Promoción del Sahara. Esta emisión me dejó maravillado y es la que más me ha gustado siempre de todos los sellos de colonias españolas. Les escribí en las cartas que envié a mi familia, novia y amigos que me guardaran todos los sellos que les franqueaba porque deseaba coleccionarlos. Después de licenciarme fui completando mi colección de sellos del Sahara y compré también los de las otras colonias españolas. Años después amplié mi colección adquiriendo series coloniales inglesas, francesas, portuguesas...

EL FILATÉLICO

A Joaquín le gustaba coleccionar sellos. Esta afición la descubrió muy tempranamente, siendo muy niño y la iniciativa fue suya, personal; no influyó en este tipo de entretenimiento ninguna otra persona, como suele ocurrir con otros coleccionistas que al observar a alguien que lo hace, se sienten atraídos, se ilusionan y deciden hacer lo mismo. O lo que es muy común, que sea un familiar como su propio padre o abuelo quien le introduzca en este hermoso pasatiempo. Siendo niño Joaquín fue contrario al resto de sus amigos y en vez de coleccionar estampas o cromos, prefería recortar los sellos de las cartas que llegaban a sus manos y guardarlos. Joaquín lo descubrió al ver los sobres que llegaban a su casa porque su familia recibía abundante correspondencia y tras observar varias veces su belleza, fue quedándoselos. Le gustaban mucho más que las estampas de fútbol, animales, etc. y además se enteró que al menos valían algo o que podrían adquirir valor con el tiempo, cosa que en el caso de los cromos, pegatinas y otros tipos de coleccionismo sería inexistente. Pronto se informó de cómo se debían manipular, el lavado de los sellos usados, su clasificación por catálogo, el uso de las pinzas, la utilización de una lupa para observarlos mejor y ahondar en los pequeños detalles, el poseer un clasificador donde guardarlos ordenadamente, y en definitiva, adquirir el material y los medios para confeccionar una colección vistosa que es el objetivo de toda persona que se inicia en este atrayente recreo. Siendo un adolescente contó con una curiosa colección de sellos usados y el dinero que recibía por parte de sus padres lo empleaba en material filatélico y en comprar los valores más raros o difíciles de conseguir que le faltaban para completar la que era su primera etapa de coleccionista. Una vez que quedó satisfecho con su ordenada y bien presentada reunión de sellos usados, decidió introducirse en el sello nuevo que sabía que era mucho más caro y que le costaría más tiempo y más esfuerzo. Pero de momento no se adentró plenamente y decidió solo comprarlos en las expendidurías filatélicas a su valor facial y de esta forma fue coleccionando las emisiones más recientes que llevaba al día. Pasaron cinco años y Joaquín tenía todos los sellos nuevos que se habían emitido durante este tiempo, pero contaba ya con muy pocos ratos libres para dedicarse a su pasión de siempre porque había comenzado a estudiar la carrera de Arquitectura. La colección quedó más olvidada, pero de vez en cuando le gustaba contemplarla y relajarse con su belleza después del intenso esfuerzo que dedicaba a sus estudios. Disfrutaba, sentía bienestar al ver sus sellos que tanto tiempo y dinero le habían costado y pensaba en llegar a ser un importante coleccionista en el futuro, sobre todo cuando terminara su carrera y su posterior trabajo como arquitecto diese los frutos deseados.

jueves, 2 de junio de 2016

LAS FRUSTRACIONES OCULTAS

1

La vida de Francisco podría decirse que había sido de lo más normal hasta la llegada de esta etapa clave en su realidad que transformó su mundo de la forma más sorprendente y afortunada. Contadas veces una persona de las características de Francisco había conseguido ver su existencia evolucionar con tanta felicidad sin haberlo proyectado nunca y sin esperar que el carro de la fortuna iba a llegar a su puerta para hacer un gratificante viaje en las entrañas de su corazón favorecido. La historia de este joven fue apasionada a partir de ese momento, había encontrado un destino que quizá no mereciera porque Francisco no había progresado ni hecho méritos en la vida como para disfrutar del mundo tan fascinante que le brindó Leticia, la joven universitaria que conoció y que se enamoró enloquecidamente de él. Pero esta relación necesitaba para consolidarse que Francisco rehaciera su vida con una actividad a la que Leticia le animaba, porque pensaba que en la vida había que hacer algo y no perder el tiempo en la vagancia y en el aburrimiento, actitud peyorativa de Francisco a juicio de Leticia. El amor había triunfado en ellos, se querían, se adoraban y Leticia observaba la sinceridad y nobleza de Francisco, su excelente buen humor y trato hacia ella que cada día la enamoraba más.

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Las virtudes de Francisco no eran suficientes para que el bienestar de la pareja diera sus frutos. Y fue cuando este joven se planteó prosperar, progresar y salir adelante con un trabajo, con una actividad que despertara en su novia más atracción por él y pudieran unir sus vidas, culminar sus sueños de amor, garantizar la verdad que necesitaba de este requisito para que todo fuera normal y su felicidad mutua la conquistaran más plenamente. Leticia le apoyó en todo momento y le refirió que ella no era nada materialista y no buscaba la ambición y el interés de sus otras compañeras de facultad hacia un joven; se mostraba menos exigente pero, no obstante, sí creía imprescindible que Francisco desarrollara una actividad laboral. Y, en efecto, el amor lo podía todo y Francisco comenzó a estudiar pese a que esto siempre le había sido muy difícil. Observó que podría conseguirlo y que tenía que sacrificarse para ganarse el amor de Leticia que le explicaba y le ayudaba todo lo que podía en los temas de las oposiciones que comenzó a prepararse.

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A Francisco le agobiaban totalmente las materias que estudiaba para los exámenes de estas oposiciones; le costaba un esfuerzo y una voluntad enormes poder obtener conocimientos y asimilar el contenido de estos difíciles, extraños y horribles temas que a cada momento se le atragantaban. La situación más incómoda se le presentaba siempre al tener que ponerse a estudiar, su estado de ánimo se ensombrecía cada vez que se veía en la obligación diaria de luchar con estos libros que le torturaban y le producían una sensación de rechazo y deseo de que llegara el día afortunado de no volver a verlos más. Leticia colaboraba todo lo que podía y Francisco se esforzaba porque ya lo hacía por amor, por llegar a disfrutar de su vida futura junto a Leticia que le hacía olvidar con su cariño y apoyo todas las tareas que estaba llevando a cabo. No comprendía como a su novia le podían gustar y dominar estas asignaturas que estudiaba en su carrera, algunas de las cuales estaban presentes en los temas de Francisco. Leticia no coordinaba en ese aspecto con su novio, ella les encontraba su belleza y encanto e intentaba que su amor de siempre las aprendiera para intentar lograr el proyecto de sus vidas.

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Llegó el día del examen después de seis largos meses para Francisco cuando hacía una semana que su novia no se ponía en contacto con él a consecuencia de una pequeña discusión que tuvieron, la primera por cierto desde que empezaron a salir juntos. Francisco no quiso verla ni llamarla tampoco para evitar que este malestar influyera en su situación psicológica a la hora de enfrentarse a la dura prueba de la oposición. Francisco hizo el ejercicio y quedó confuso y desconcertado de su realización. Ahora solo esperaba comunicarse con su todavía novia a ver cuál iba a ser el desenlace de su relación con ella. Una discusión así --pensó Francisco-- no es para tanto. Quería hablarle del examen, de las preguntas que habían caído, de su planteamiento a la hora de ir contestando, etc. Todos los consejos que Leticia le dio en su momento los tuvo muy en cuenta. Francisco los puso en práctica de la forma que mejor pudo ante la dificultad y la tensión que le produjeron las complicadas y escogidas preguntas sobre los temas que se había preparado.

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Francisco llamó a Leticia pero no se quiso poner al teléfono. Parecía ser que por el simple tropiezo que habían tenido, Leticia quería romper con el consolidado noviazgo de ambos. Hasta no mostraba el menor interés por saber el desarrollo del examen que Francisco había hecho por ella, por su ilusión, por el que era verdaderamente su amor y la razón de ser de su vida. Ante esta situación Francisco quedó en un absoluto desconcierto. Ahora que su vida podría cambiar si todo le saliera bien en las oposiciones, ahora que podría descansar del esfuerzo realizado y pasarlo en su compañía... ahora todo lo veía acabado. No pensaba ni quería darle vueltas al ejercicio de la oposición, no quería especular con él; lo hizo lo mejor que pudo y solo quedaba ver los resultados. Leticia y él no se volvieron a encontrar. A los dos meses Francisco fue a ver si habían salido los resultados. El ordenanza de la administración le dijo que probablemente se pondrían las listas de aprobados al día siguiente. Francisco quedó nervioso y preocupado al pensar que la frustración podría ser doble: suspender las oposiciones y perder a Leticia para siempre. Y así fue porque su desolación fue inmensa en aquel día lluvioso de otoño al saber que no había aprobado las oposiciones y al encontrarse a Leticia con un nuevo compañero que él conocía y que sabía que estudiaba la misma carrera que ella en la universidad.

domingo, 29 de mayo de 2016

COMPAÑERA DE VIAJE

1

Juan se acostó pronto, en la tarde-noche del viernes, después de haber organizado los preparativos para el viaje de fin de semana a su ciudad de origen. Era un joven funcionario que había sido destinado a otra ciudad de su misma región debido a que en la capital donde vivía no pudo coger la plaza correspondiente porque no obtuvo en su examen el resultado que necesitaba. Era la primera vez que había salido fuera de entorno natal y en un principio se sintió inquieto y nervioso de tener que vérselas solo en otra ciudad, pero observó que ya era mayorcito y que todo sería acostumbrarse y echarle valor a la nueva vida que le había tocado, una vida afortunada porque había conseguido eludir muy tempranamente el problema del paro y su porvenir ya lo tenía asegurado para siempre. Era la primera vez que visitaría a su familia después de los dos meses que llevaba trabajando y no quiso hacerlo antes porque estaba asentando y organizando su vida en esta ciudad. Se levantó temprano, se arregló, cogió los bultos y salió rápido a coger el autobús que le llevaría a la estación ferroviaria donde se subiría en el tren que le dejaría en su tierra natal. Solo iba a estar dos días, pero sí el tiempo suficiente para ver a los suyos y que supieran cómo evolucionaba su nueva vida. El viaje para tan poco tiempo era precipitado --pensó-- pero él ya quería saber qué había sido de los amigos que dejó allí y recobrar la identidad perdida con su ciudad. A Juan no le atraía mucho viajar, pero después de dejar el andén y subir al moderno tren se sintió muy a gusto y relajado sobre todo por la hermosa compañera que tendría durante el viaje, con la que podría disfrutar de un agradable trayecto. Tuvo la suerte de no tener más compañías en el departamento y pensó que la fortuna estaba con él al haberle correspondido viajar con esta chica a solas, quien en un principio le ofreció poco diálogo y permaneció seria, pero que después, conforme avanzaba el viaje, profundizó con Juan en sus vidas y asuntos, por lo que ambos comenzaron a sentirse muy atraídos y entusiasmados.

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Esther vivía en la misma ciudad que Juan, eran paisanos, pero hasta el presente encuentro nunca se habían visto, no se conocían y tuvo que ser en esta circunstancia en la que comenzaran a sentirse impulsados y felices de relacionarse. Esther era estudiante de Biología, tuvo que irse a esta ciudad, al igual que Juan, aunque observó que la situación de este joven era más relajante que la suya. Juan ganaba un sueldo con su trabajo, sentía el bienestar de haber resuelto su vida. Ella tendría que seguir estudiando y sacrificándose para sacar adelante su carrera, al mismo tiempo que sus padres se esforzaban económicamente porque la beca que le concedieron no lo cubría todo. Juan se sintió muy impresionado con el diálogo que Esther le estaba ofreciendo pues ni tan siquiera prestó atención a los hermosos paisajes naturales que tanto le gustaba contemplar y que se observaban plenamente durante la mayor parte del trayecto ferroviario. Estos dos jóvenes hablaban de todo: de sus vidas, de sus aficiones, de sus pasiones, de sus proyectos, de sus ilusiones, de su futuro...

  --Es una ventaja y un bienestar muy grande el que seas funcionario tan joven...
  --Sí, pero también me ha sido muy difícil conseguirlo, aunque reconozco que la suerte también me ha acompañado. No obstante, estudiar una carrera y más cuando te gusta y te sientes fascinado por ella tampoco está nada mal...
  --En efecto, pero no sé si compensará con el tiempo...
  --Sí, yo te puedo poner el ejemplo de que tengo compañeros de trabajo que son licenciados y que al final han acabado en mi misma situación laboral, el subempleo es una triste realidad...

Durante un largo rato la conversación versó sobre este tema, pero tanto Juan como Esther estaban dispuestos a charlar sobre cualquier asunto que surgiera, el viaje era largo y tendrían la oportunidad de amenizarse con una tertulia diversificada y estimulante para ambos...

  --¿Ha cambiado mucho tu vida desde que te marchaste a estudiar?
  --Pues la verdad es que sí, me encuentro más animada de conocer otro entorno que el de nuestra ciudad, pues en ella no me había relacionado mucho; parece ser que en esta capital me siento más comunicada, tal vez al verme despegada de mi vínculo familiar me hace tratar más con los compañeros y hacer buenos amigos y amigas... nuestra ciudad es más aburrida que esta en la que creo que hemos tenido la suerte de instalarnos...
  --Es cierto... aunque yo apenas me he relacionado todavía en los dos meses que llevo trabajando y me encanta haberte conocido... podríamos, si te parece, vernos a partir de ahora y salir cuando nuestras ocupaciones nos lo permitan...

Esther sonrió y se mostró conforme y entusiasmada ante la actitud deseosa de Juan, en el que advirtió gran admiración y gusto hacia ella. Dialogaron no solo sobre sus vidas, trataron muchos otros temas: Juan comentó con Esther sus conocimientos sobre Zoología, Geología, Paleontología, etc. y fue éste el motivo por el que ella comenzó a ilusionarse con este chico que la sorprendía en muchos de estos aspectos. Esther era una entusiasta de las Ciencias Naturales y hablar sobre estos temas la maravillaba. Comenzó a sentirse impresionada ante los conocimientos de Juan, quien le comentaba aspectos de sus materias de estudio que hasta ella, aun con su experiencia y dedicación, ignoraba. Juan le dijo que todos estos temas le habían fascinado siempre pero no pudo seguir el camino de ella porque prefirió asegurar su vida cuanto antes después de finalizar el bachillerato. Juan le comentó que los temas que estudió en su etapa de opositor no solo le aburrieron sino que lo agobiaron y le costó gran esfuerzo comprenderlos y asimilarlos, pero mereció la pena porque al final todo le salió bien y prosperó en sus objetivos.

  --Y ahora, en tus ratos libres, ¿Qué más te gusta hacer?
  --Pues precisamente me dedico a saborear las lecturas de los libros de Ciencias Naturales con los que estudié en el bachillerato. Soy autodidacta y los momentos en los que puedo dedicarme a estas mis materias favoritas los aprovecho plenamente. No obstante, me atrae la cultura en general y más adelante me gustaría poder dedicarme con más intensidad a muchas otras materias, pero cuento con poco tiempo...

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Esther y Juan dialogaron sobre toda la multiplicidad de saberes en los que les encantaría sumergirse además de las disciplinas científicas, y tanto uno como otro se sintieron atraídos porque se compenetraban en todo lo que reflexionaban y comentaban. Y debido a esta hermosa realidad que se abría paso en sus vidas ambos sintieron el instinto y la atracción de que se gustaban por toda suerte de razones. Juan no se esperaba después de la monotonía vivida en los dos últimos meses en la ciudad donde trabajaba, que iba a conocer con tanta fortuna a esta mujer que se acoplaba perfectamente a sus deseos. Y más aún en el moderno tren en el que tanto le fascinaba viajar, en el que quedó maravillado durante su anterior desplazamiento al contemplar la fabulosa sierra montañosa por la que atraviesa. Pero aquél trayecto Juan lo hizo nervioso ante la soledad en la que se vería en la capital a la que le destinaron. No se le ocurrió pensar que en el siguiente viaje conocería a Esther, esta joven universitaria que le abrió un nuevo horizonte en el planteamiento de su vida.


sábado, 28 de mayo de 2016

LA HUELLA DEL AMOR

1

Hacía ya tiempo que Gabriel no sabía nada de aquella chica que un día conoció en el parque, con la que hizo footing y toda clase de ejercicios gimnásticos durante varios meses y con la que llegó al amor durante los últimos días que disfrutó de su compañía. Gabriel no se explicaba qué había podido pasar, qué sucedió para que no la volviera a ver en el parque al que tanto solía ir a correr. Y todo fue repentino. Después de haber pasado una noche en su compañía, aquella placentera noche lluviosa de otoño, quedaron en verse como siempre, en el parque, para desahogarse con el ejercicio físico que tanta salud y bienestar transmitía a sus vidas. Luisa fue reacia desde el primer momento a hablarle de su vida privada. Tampoco se interesó demasiado por la de Gabriel, a quien no le importaba comentarle todas las actividades y proyecciones que rodeaban su vida. Gabriel la recordaba con tristeza y desconcierto porque no sabía qué podía haber pasado para que después de la espléndida noche sentimental que Luisa le brindó --con entrega y pasión desmesurada--, desapareciera de su vida. Gabriel pensó que aquella noche se la dedicó con tanto afán porque era su despedida. ¿Qué pudo haber pasado? ¿Se habría ido a vivir a otra ciudad? ¿Estaría casada? Gabriel se debatía en toda esta serie de interrogantes ante esta mujer que surgió en su vida y que no le dejó concluir en los que eran sus sinceros y nobles deseos hacia ella. Todos estos pensamientos giraban en su mundo presente porque desde entonces no se había relacionado amorosamente con ninguna chica y este largo periodo de soledad le hacía recordar aún más aquellos días de compañía deportiva que se esfumaron de su realidad tal vez para siempre.

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Así parecía que iba a ser la vida de Gabriel, monótona y desolada por la falta del ingrediente amoroso que tanto necesitaba. En todos sus intentos por relacionarse formalmente con las chicas que deseaba fracasó. Solo fue Luisa, aquella dulce y encantadora joven, quien le manifestó simpatía y gozo, ilusión y ardientes ganas de vivir. Pero Gabriel recapacitó últimamente y pensó que esta mujer no era la única, que todo consistía en tener la fortuna de dar con una doncella de las muchas que circulaban por su ciudad y que le gustara, que le convenciera y se sintiera realizado con su compañía, situaciones que solo disfrutó con aquella mujer que empezó a querer olvidar. Y el olvido llegaría --como casi siempre--, al sentir el bienestar de una novedad: Gabriel conoció a una muchacha que le sumergió en una ópera amorosa tan intensa o más a la que sintió con Luisa, aquella atrayente estrella enamorada de sus deportivas tardes. Cuando Soledad se interesó por el pasado de Gabriel no se esperaba que fuera tan pobre en cuanto a su vida sentimental, le parecía que este hombre que llenaba de sueños felices y energía vital su presente había gozado de un pasado más movido. Aunque Gabriel le manifestara con sinceridad su única relación, Soledad se extrañaba porque observaba que Gabriel era un joven maduro, cultivado, inteligente y que no merecía ni aparentaba el rechazo que había sufrido por parte de las muchas chicas que lo conocían. Pero a Soledad no le disgustaba ni mucho menos: en Gabriel había encontrado lo que todas las otras no supieron valorar.

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Gabriel finalizó sus estudios de ingeniería y sus perspectivas futuras se presentaban muy ambiciosas. Soledad se sentía feliz con la verdad de la que disfrutaba. Pronto se casarían, deseaban unir sus vidas para siempre y Soledad lo preparaba con deseos y prisas: como lo dejara para más adelante podría tropezarse en su camino cualquiera de las muchas tías que en su momento lo rechazaron y que ahora, al parecer, sí se acordaban de él.

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Tras esta etapa de actividad sedentaria, Gabriel sintió deseos de volver a ejercitar su cuerpo con el deporte. Recordó su pasado en el parque con Luisa. Soledad preparaba su casa, su matrimonio, su futuro. Gabriel corría siempre que podía y un día su sorpresa fue mayúscula, quedó perplejo cuando una mañana temprano se encontró en el parque con aquella joven que fue la magia de sus sueños.

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Luisa se fue directa para Gabriel, lo abrazó y besó con intenso deseo y tras este saludo efusivo y emocionante ambos se pusieron a hablar muy inquietos, se cruzaron las palabras con rapidez ante la sorpresa que se llevaron. Sin duda era Luisa la que más tenía que contar, y aclaró a Gabriel todo lo que pasó para que se fuese a vivir a otra ciudad durante todo este largo periodo de tiempo. Gabriel se sintió atónito ante la amplia historia que Luisa le relató de su vida: hubo problemas familiares, de herencia y otra serie de acontecimientos durante aquellos meses en los que estuvo corriendo con él. Fue precisamente el estrés y la angustia que padeció lo que le llevó a desahogar toda la adrenalina con el deporte. Asimismo le comentó a Gabriel lo feliz que se sintió con su compañía y le interrogó cómo iba su vida ahora y si había culminado los proyectos de los que le habló. Gabriel le contó su versión y Luisa quedó bastante frustrada, pero comprendió que la vida evoluciona, que las personas cambian y se les presentan nuevas realidades que obstaculizan retornar a los deseos y a las ilusiones del pasado. Gabriel se sentía impresionado de la belleza y el encanto de Luisa que tanto le hizo delirar, pero no quería, ni estimaba justo y razonable acabar con la felicidad que Soledad y él ya sentían. Su futuro estaba ya planteado con la que iba a ser su mujer y Gabriel meditó en torno a estos casos que se dan en las relaciones humanas. No se culminan, no se realizan, no se consiguen muchos de los sentimientos que se despiertan en el corazón y las personas que se sueñan y se quieren no acaban fusionadas, se dividen, se separan sus destinos y su verdad se les presenta diferente. Gabriel le confesó a Luisa que se enamoraba al verla, pero su mundo sentimental era ya otro, aunque, eso sí, le reiteró que el chispazo sensitivo, emocional, de pasiones y felices jornadas disfrutadas en su compañía quedarían grabadas en la memoria de su vida.

viernes, 27 de mayo de 2016

LA VERDAD CONQUISTADA

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La juventud había que aprovecharla y vivirla intensamente. Este era el planteamiento de Jesús, un joven de veinte años que deseaba sacar fruto de su presente, después de la adolescencia tan problemática y accidentada que había padecido. No quería más oscuridad en su vida y comenzó a organizar y proyectar su futuro, ahora que el ingrediente fundamental de su existencia --la salud que tanto le había fallado en su pasado-- lo había recuperado. Ahora podría disfrutar de los atractivos de su plenitud vital, pero era responsable del desempeño de una actividad laboral para ganarse su porvenir en la vida. No tardó Jesús en encontrarlo a través de las relaciones de su familia y ahora se sentía muy feliz y realizado; ya tenía trabajo, un sueldo corto pero suficiente de momento. Era la circunstancia oportuna para relacionarse con más gente, introducirse en círculos y ambientes juveniles a los que no había tenido apenas acceso debido a la enfermedad que asoló su pasado. Jesús se lo quería montar bien, eso lo tenía muy claro y ahora la psicología de su trabajo le facilitó tener ese don de palabra o esa elocuencia que tantos buenos resultados otorga en las relaciones con los demás. En efecto, su personalidad se transformó totalmente. Jesús se convirtió en un chico hablador, atento, avispado y simpático que coordinaba con toda clase de personas, convencía y estimulaba en el diálogo, su fino sentido del humor hacía honda sensación en todas las chicas que lo trataban. Aunque Jesús no era ambicioso en sus proyectos futuros y quizá nunca destacara en los ámbitos de la vida porque estaba convencido de que eso solo es para los mitos y no había nacido para ser algo así, él sí deseaba al menos absorber los muchos placeres que la vida puede otorgar. Mientras trabajaba en el comercio textil en el que tan buenas amigas había encontrado se relacionaba también con otras chicas que conoció a través del único amigo de su infancia que fue quien más lo supo comprender y quien más le apoyó en su encuentro con la vida. La facilidad de palabra de Jesús, su alegría, su honradez, sus agradables expresiones, impactaron notablemente en las chicas a quienes les importaba olímpicamente su categoría profesional porque preferían la humanidad y calidad de persona que había en él; sus sentimientos, sus emociones, su vitalidad, creaban bienestar en todas las personas que lo trataban. Con esta positiva y favorable forma de ser el amor llegaría a su realidad presente, pero quiso en un principio disfrutarlo con variedad, probarlo con muchas mujeres, no amarrarse y quedarse sujeto a la primera que llegara y desconectarse de las demás. Se definía como hombre de muchas mujeres, no deseaba la monotonía de engancharse con una nada más y esta actitud la podía aprovechar ahora que era joven y dejar para el futuro la estabilidad con una sola. Así transcurría su vida y llegó su primera relación heterosexual, la culminación de sus planteamientos en los que siempre buscó con deseo su primer fruto amoroso. Su primera aventura dio paso a otras muchas pero él siempre recordaría ésta con más placer y satisfacción porque fue la más extasiosa impresión que recibió de una mujer.

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Jesús se enfrentó con relajación y naturalidad a esta dulce experiencia, que llegó con la más hermosa chavala de las compañeras de trabajo; al menos era la que más le gustaba y tras enamorarla vivamente acordó disfrutar en su compañía de una espléndida jornada sexual que colmara de gozo sus vidas. Lola estaba deseosa de llegar a su primera aventura, quería acabar con su virginidad y más con una persona de la calidad de Jesús... el tiempo pasaba, los años se sucedían y esta joven se decidió a desahogar la ardiente sed amorosa que la dominaba. El encuentro se presentó además en una ocasión propicia como era la noche de fin de año. Estos dos jóvenes querían fusionar sus cuerpos después de la fiesta a la que acudieron y todo fue despacio, poco a poco; en la pensión a la que fueron se sintieron cómodos y expectantes ante la oleada de placer y éxtasis sexual que se les avecinaba. La primera impresión al verse solos fue regocijante en su plenitud. Jesús deliraba al ver como Lola se desnudaba: desde que la conoció había soñado con que llegara este momento en el que pudiera gozar y vibrar de verle los dos hermosos pechos que Lola le mostró con el morbo y el deseo de que se los devorara. Jesús disfrutó alucinado, sintió esta ópera sexual intensamente al mismo tiempo que Lola no se preocupaba demasiado por el dolor que sentía al desvirgarla Jesús porque junto a ese dolor estaba la satisfacción de que comenzaba a hacer el amor y que la llama apasionada de la vida la estaba probando y palpitando arrolladoramente. Así le sucedió también a Jesús que pensaba que esta experiencia la debía proseguir en cantidad y variedad porque la vida juvenil había que saciarla y él poseía un encanto especial que podría llevarle a ser objetivo sexual de muchas de las jóvenes que conocía, las que sin duda buscaban que Jesús les correspondiera con el talento seductor que tanto las entusiasmaba.

miércoles, 25 de mayo de 2016

UNA NUEVA VIDA

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Era una mañana de sábado y a Jorge le apetecía descansar. Había tenido una semana muy agitada de trabajo y las dos últimas veladas las había compartido con una antigua compañera de facultad que disfrutaba de un corto permiso y había decidido pasarlo en esta ciudad. Jorge era soltero y hacía dos años que se había emancipado de su vida familiar, vida siempre difícil y en conflicto con sus padres y hermanos que no comprendían sus inquietudes y sus actitudes que para él eran de lo más positivas y normales. Pensó que no merecía ese trato y un buen día, cuando aprobó las oposiciones, dijo a su familia que se iba y que les fuera bien que por su parte no quería verlos nunca más. Y así fue. Su familia había frustrado sus estudios de Filología, porque ante tanto sin vivir decidió estudiar las oposiciones y abandonar la carrera. Pero el presente que vivía era favorable y prometedor pese a estar todavía solo: hacía lo que más le apetecía, disfrutaba de un buen sueldo, gozaba de buena salud y del bienestar que supone estar libre. Se sentía cómodo y seguro. No obstante, estos dos años habían transcurrido demasiado solitarios y Jorge deseaba tener más relaciones amistosas, sobre todo cuando la vida de soltero lo requiere más. Las dos noches pasadas se había sentido muy feliz con esta amiga que justamente cogió el mismo camino que él cuando estudiaban en la facultad y se decidió por una colocación fija del Estado. Jorge se había acordado mucho de ella durante estos dos años en los que dejaron de verse y se preguntó en numerosas ocasiones qué había sido de su vida, porque se dio la extraña coincidencia de que ambos no comentaron nada en su día de sus objetivos y proyectos. Después de terminar el curso, pasó el verano y ya no se volvieron a ver. Jorge no sabía su dirección ni su teléfono y no quiso localizarla últimamente porque pensaba que ya podría tener novio o incluso estar casada.

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Mientras Jorge soñaba y una infinidad de pensamientos inundaban su cabeza ante la sorpresa de las dos jornadas vividas sonó el teléfono. Pensó que podría ser ella, la mujer que de nuevo se introducía en su vida. Fue deprisa a cogerlo y, efectivamente, esta joven amiga quería estar con él. Los dos se hablaban con ilusión, los dos deseaban estar juntos y unir sus vidas ahora que ya nada podía impedírselo. Jorge le dijo que no tenía planes para todo el día y que estaba cansado, pero en seguida desayunaría, se arreglaría y esperaría con mucho agrado su visita. A la media hora ya estaba allí, sonó el timbre y esta hermosa mujer se presentaba ante Jorge. Nada más ver lo elegante y atractiva que iba sintió deseos de abrazarla y besarla. Ante su timidez fue ella quien se le acercó y lo saludó con seducción diciéndole: --Aquí estoy contigo, Jorge, ¿te gusta que te visite? Pasaron para adentro y le enseñó su pequeño pero bien cuidado apartamento. Ella se sintió sorprendida de la limpieza y el orden que presentaba. Esta mujer había notado en Jorge durante las dos noches anteriores lo tímidamente que le hablaba y los temas que le exponía que no solían rozar la sensualidad y el encanto de dos personas que tienen todo el espacio resuelto para llegar al amor. Por esto ella quería sentir el amor de Jorge quien debido a su cortedad y torpeza para relacionarse con una mujer seguía todavía soltero. Jorge le dijo una vez que le enseñó el apartamento que podrían salir a dar una vuelta porque el día era primaveral, pero su amiga solo le refirió que iba a entrar en el cuarto de baño. Jorge, tan inocente como siempre, esperó y al abrir la puerta contempló atónito lo que nunca pudo sentir de la vida: estaba completamente desnuda, un cuerpo precioso, unos senos sorprendentes, una mujer que se le atragantaba entre la sorpresa y el manantial de los deseos y las sensaciones. --Jorge, ¿a qué esperas? --le dijo. Y Jorge esta vez no lo pensó ni un instante más. Se desnudó y se fueron directamente para su cama que aún no había hecho. Nunca pudo imaginar esta aventura Jorge y más con su antigua compañera de facultad, la única chica que le supo comprender y que ahora se acordó de él para iniciar el feliz y trascendente camino de sus vidas.